Ausencia de modelo productivo válido, sector servicios y sobre todo turismo y hostelería.
Esperemos que el turismo no se venga abajo...
Acabaremos siendo el país de servicios y vacaciones de Europa?
La industria se extingue: su peso sobre el PIB cae hasta el 12,6%
Malos tiempos para la industria. Su peso respecto del PIB no deja de caer. Y lo que es peor, nada indica que haya un cambio de tendencia. Un informe oficial certifica su ocaso
Los datos son contundentes, y reflejan una
realidad incómoda. La
industria manufacturera española continúa perdiendo peso respecto del conjunto de la actividad económica, y lo que es más inquietante, nada indica que se vaya a enderezar la tendencia. El
índice que refleja la coyuntura más reciente, el de gerentes de compras (PMI), se situóen 50,1 en mayo, frente al 51,8 en abril y justo por encima de 50, la
línea fatídica que separa el
crecimiento de la contracción.
Otro dato lo corrobora. El
valor añadido bruto (VAB) de la industria respecto del total de la economía ha caído hasta el 14%. Por lo tanto, cerca de la mitad del porcentaje que existía en 1980: un 25,9%. O hasta el 12,6% con relación al producto interior bruto. Es decir, lejos del 17,8% registrado en el año 2000, a comienzo del siglo. Es más, la industria manufacturera todavía no ha recuperado el peso relativo en el VAB total que tenía en 2008 (14,5%), justamente el año de inicio de la
crisis.
Los datos aparecen en el informe anualque elabora el Ministerio de Industria, y reflejan una crisis con
escasos antecedentes, toda vez que, de forma casi sistemática, la evolución de la industria manufacturera —cuyo valor a precios corrientes asciende a 152.718 millones de euros— es peor que la del PIB, dándose además la circunstancia de que presenta
oscilaciones más acusadas, sobre todo cuando el crecimiento de la economía es menor.
Mientras que en el segundo trimestre de 2009 el VAB industrial se desplomó un 11,5%, el PIB cayó un 4,3%, lo que refleja la
intensidad de la crisis.
Más recientemente, en 2018, la industria ha crecido apenas un 1,1%, lo que significa 3,3 puntos menos que un año antes, profundizando, por lo tanto, en la pérdida de peso respecto del conjunto de la economía. Se trata, en cualquier caso, del menor avanceen cinco años. Irónicamente, el quinquenio de la recuperación de la actividad económica que, en el caso de la industria, ha pasado de largo pese a que este sector es el que ofrece mayor
estabilidad laboral,
mejores salarios y contribuye de forma más relevante a la
innovación y la productividad.
Como reconoce el informe oficial, el resultado de esta evolución es significativo. El peso de la industria española —incluida energía y excluida construcción— es
inferior al del promedio de la eurozona y, en especial, al de países como
Alemania, que ha conseguido mantener el peso de su industria en el PIB en el periodo 2000-2018, si bien en los últimos trimestres (debido al enorme peso del
automóvil en su PIB) el sector ha entrado en una
fase recesiva, comoha puesto de manifiesto el indicador Sentix.
Globalización e industria
No es un problema solo español, por lo que hay que vincularlo a la
globalización y sus efectos sobre las
industrias locales, más pequeñas y, por lo tanto, con mayores dificultades para competir.
Aunque no sea un consuelo, la industria del conjunto de la eurozona y, en general, la de los principales países comunitarios ha seguido una evolución similar a la de España: su peso en el VAB total ha pasado del 22,4% en 2000 al
20,1% en 2018. En todo caso, todavía se sitúa algo más de seis puntos por encima de España, lo que da idea de la distancia que existe con Europa, que ha lanzado su propio
plan estratégico al rescate de la industria, pero todavía con
parcos resultados.
El Consejo Europeo, de hecho, ha solicitado a la Comisión que presente, a más tardar al final de 2019, una visión a largo plazo con medidas concretas para el futuro industrial de la UE, amenazado como nunca antes había sucedido. Como se sabe, la Unión Europea se ha marcado como objetivo alcanzar en el año 2020 una participación de la
industria manufacturera del 20% en el PIB.
Detrás de este pobre comportamiento de la industria española se encuentra, como sugiere el informe, la pérdida de
competitividad. No tanto porque sea menos productiva sino porque compite con países de
bajos salarios, profundas
desregulaciones y
normas medioambientales más laxas.
En todo caso, entre el año 2000 y 2009, los incrementos de la
remuneración por asalariado en España fueron superiores a los registrados por la productividad: 4,4% de media anual frente al 2,7%, lo que dio lugar a un crecimiento anual medio de los
costes laborales unitarios (CLU) del 1,6%. Ahora bien, la crisis derivó en una situación completamente distinta.
Ventajas competitivas
Como recuerda el estudio, a partir de 2010, se fue revirtiendo parcialmente esta situación. Los costes laborales de la industria española
han caído un 0,6% de media anual en el periodo 2010-2018, frente al
aumento del 0,2% para los CLU de la industria en la unión monetaria. Pese a ello, y aquí está la paradoja, España apenas capitaliza sus
ventajas competitivas en términos de costes.
Mientras que los costes laborales en España (relación entre salarios y productividad) representan el
88,3% de la zona euro, los de Alemania (108,8%), Francia (106,3%) e Italia (109%) son notablemente superiores.
Esto explica, como ha revelado un reciente informe de la Fundación BBVA y el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas), que las
grandes empresas manufactureras españolas (250 o más trabajadores) hayan aumentado un 14,5% su competitividad desde el inicio de la crisis, en 2008. Además, su mayor productividad les permite pagar salarios más elevados que las micro y pequeñas empresas.
Intensidad tecnológica
Esta combinación de productividad y salarios explica que la
gran empresa industrial española sea más competitiva que las grandes empresas de Alemania o Reino Unido, pues sus costes laborales unitarios son un 38% y 21% inferiores, respectivamente. Pese a ello, y como se ha dicho, el peso de la industria cae, lo que un informe de CCOO achaca a que la economía “sigue encadenada a un modelo productivo basado en los
servicios de bajo valor añadido (hostelería, comercio, servicios auxiliares) con un peso muy bajo de la industria”, lo que condena el país a un
empleo precario y de bajos salarios.
Los últimos datos de estadística muestran que el número de ocupados en términos de contabilidad nacional (empleo equivalente a tiempo completo) se situó al acabar el año pasado en 2,11 millones, lo que representa el 11,5% del empleo total, pero con un productividad que se sitúa en
72.100 euros, frente a los 36.800 del año 2000.
Hay más factores. El informe del ministerio pone de manifiesto la propensión de la industria española hacia actividades con
intensidad tecnológica baja o media-baja, lo que es relevante debido a que está acreditado que a mayor intensidad, mayores
exportaciones. En concreto, apenas el 5,4% de la
cifra de negocios de la industria tiene que ver con intensidad tecnológica
alta, cuyo peso en las exportaciones prácticamente se dobla (9,4%). Por el contrario, las industrias con intensidad tecnológica baja, cuya cifra de negocios representa el 33,6%, solo suponen el 23,7% en términos de exportaciones. Malos tiempos para la industria en plena revolución tecnológica.
La industria se extingue: su peso sobre el PIB cae hasta el 12,6%