frisch
Madmaxista
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Por supuesto que el artículo de Juan Laborda sirve.
Leo a Juan Laborda y a Vicenç Navarro (sus libros y artículos) desde 2009. En aquellos años, incluso regalaba sus libros a otras personas para que se dieran cuenta de que sí había alternativas a la mal llamada crisis. Ha llovido mucho desde entonces y, desafortunadamente, constato que las alternativas no se materializan.
Trataba de dar una pincelada de cuál es la realidad de muchos conciudadanos que se dan con un canto en los dientes por tener trabajo a 4,50 € la hora (personas, además, con capacidades).
Mira Fernando, yo sé que estás de acuerdo conmigo (o yo contigo). La mal llamada crisis, en el fondo, no es una crisis económica a la vieja usanza, es un programa para introducir un cambio radical de paradigma de sociedad. Lo de la economía (la crisis) no es sino un vehículo para alcanzar cotas mucho más ambiciosas.
Es como el envoltorio agrio de un caramelo envenenado.
Me remito a la realidad.
Casi 10 años más tarde (2008) la ciudadanía apechuga con lo que se le da. Se da con un canto en los dientes por sobrevivir. Se adecua porque el ciudadano lambda lo que quiere es vivir, no morir rodeado de ardilla. Traga lo que haya que tragar, se apaña, tira de aquí y de allá, se sobrepone al chaparrón de granizo que le ha caído, y le cae, sobre la cabeza, en fin, en dos palabras: quiere vivir (nada más lógico).
El caramelo envenenado es otro.
Y es que el ciudadano ya no rige su destino. Ya no estamos en la Europa del siglo XX en la que cualquiera con ganas de trabajar y un par de ideas en la cabeza podía forjarse un destino para él y su familia. NO. Ahora, es el Sistema el que decide.
Los sindicatos no cumplen con su labor de defender a sus colectivos (los que lo hacen son residuales). Los partidos políticos son empresas con fuertes dividendos y consejos de administración que se los reparten.
Y el ciudadano (que no es consciente de serlo, en cuanto a sus derechos) acabará por pasar por el aro definitivamente: perderá su condición de escoger cómo quiere ser gobernado ... en democracia (claro).
Si a eso añadimos violencia extremista ficticio o no, cambio climático, ficticio o no, desconstrucción del concepto milenario de familia (yo no tengo nada en contra de las diferentes sensibilidades en cuanto a sesso, siempre y cuando tengan lugar entre adultos que lo consientan y si lo hacen por amor, pues mejor), obsolescencia programada que nos lleva a un mundo en el que es preferible comprar que reparar, embrutecimiento a marchas forzadas con toneladas de desperdicio audiovisual (incluso en 3D con gafas) pues, entonces, es que uno lo ha entendido todo: esclavizar para controlar.
Juan Laborda, una mente privilegiada, y de lo que me dice mi intuición, una buena persona (lo más importante) escribe para cuatro pringaos como tú y yo. Lo leemos cuatro y su incidencia en la realidad real es cuasi nula porque la realidad real la manejan otros y quienes podrían y deberían actuar para que esto cambie, se dan con un canto en los dientes por poder ganar 4,50 € / hora. No los culpo.
Un abrazo Fernando.
frisch
Leo a Juan Laborda y a Vicenç Navarro (sus libros y artículos) desde 2009. En aquellos años, incluso regalaba sus libros a otras personas para que se dieran cuenta de que sí había alternativas a la mal llamada crisis. Ha llovido mucho desde entonces y, desafortunadamente, constato que las alternativas no se materializan.
Trataba de dar una pincelada de cuál es la realidad de muchos conciudadanos que se dan con un canto en los dientes por tener trabajo a 4,50 € la hora (personas, además, con capacidades).
Mira Fernando, yo sé que estás de acuerdo conmigo (o yo contigo). La mal llamada crisis, en el fondo, no es una crisis económica a la vieja usanza, es un programa para introducir un cambio radical de paradigma de sociedad. Lo de la economía (la crisis) no es sino un vehículo para alcanzar cotas mucho más ambiciosas.
Es como el envoltorio agrio de un caramelo envenenado.
Me remito a la realidad.
Casi 10 años más tarde (2008) la ciudadanía apechuga con lo que se le da. Se da con un canto en los dientes por sobrevivir. Se adecua porque el ciudadano lambda lo que quiere es vivir, no morir rodeado de ardilla. Traga lo que haya que tragar, se apaña, tira de aquí y de allá, se sobrepone al chaparrón de granizo que le ha caído, y le cae, sobre la cabeza, en fin, en dos palabras: quiere vivir (nada más lógico).
El caramelo envenenado es otro.
Y es que el ciudadano ya no rige su destino. Ya no estamos en la Europa del siglo XX en la que cualquiera con ganas de trabajar y un par de ideas en la cabeza podía forjarse un destino para él y su familia. NO. Ahora, es el Sistema el que decide.
Los sindicatos no cumplen con su labor de defender a sus colectivos (los que lo hacen son residuales). Los partidos políticos son empresas con fuertes dividendos y consejos de administración que se los reparten.
Y el ciudadano (que no es consciente de serlo, en cuanto a sus derechos) acabará por pasar por el aro definitivamente: perderá su condición de escoger cómo quiere ser gobernado ... en democracia (claro).
Si a eso añadimos violencia extremista ficticio o no, cambio climático, ficticio o no, desconstrucción del concepto milenario de familia (yo no tengo nada en contra de las diferentes sensibilidades en cuanto a sesso, siempre y cuando tengan lugar entre adultos que lo consientan y si lo hacen por amor, pues mejor), obsolescencia programada que nos lleva a un mundo en el que es preferible comprar que reparar, embrutecimiento a marchas forzadas con toneladas de desperdicio audiovisual (incluso en 3D con gafas) pues, entonces, es que uno lo ha entendido todo: esclavizar para controlar.
Juan Laborda, una mente privilegiada, y de lo que me dice mi intuición, una buena persona (lo más importante) escribe para cuatro pringaos como tú y yo. Lo leemos cuatro y su incidencia en la realidad real es cuasi nula porque la realidad real la manejan otros y quienes podrían y deberían actuar para que esto cambie, se dan con un canto en los dientes por poder ganar 4,50 € / hora. No los culpo.
Un abrazo Fernando.
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