Ahora que el crédito está evaporándose alrededor del mundo, un país europeo aislado con una economía centrada en las finanzas y los deportes de invierno ya no es un bastión monetario. Los bancos suizos están tambaleándose, la moneda se ha depreciado y su gente, orgullosamente independiente, se está preguntando si la estrategia individualista que el país ha seguido desde hace siglos podrá sobrevivir.
Incluso Suiza está preguntándose si es inmune a las fuerzas que han devastado a Islandia.
El drama del país nórdico, cuya economía el Fondo Monetario Internacional dice que podría contraerse cerca del 10 por ciento el año entrante, ofrece una advertencia a los suizos, que defienden su independencia con igual vehemencia. Y es que aunque están en una situación mucho mejor, su estatus como custodios de la riqueza mundial corre peligro por la crisis económica mundial que no pueden controlar y los fallos de los bancos que los hicieron grandes.