La expulsión de alemanes tras 1945 que, según el foro, emitió la TV pública
La emisión del documental
1945, la paz salvaje en La 2 —y su posterior desaparición de la web de RTVE, según relatan los participantes del hilo— ha devuelto al primer plano un episodio que la historiografía tardó décadas en mirar de frente: la expulsión masiva de población alemana de Europa central y oriental al terminar la Segunda Guerra Mundial. El espacio, emitido con advertencia para adultos y hoy difundido sobre todo en portales de documentales y espejos externos, cifra en 12 millones los alemanes objeto de limpieza étnica y se apoya en testimonios de testigos directos. En el debate se maneja además la cifra global de 70 millones de muertos en el conflicto para situar la escala del desastre.
Qué es 1945, la paz salvaje y por qué se dice que ya no está en TVE
El documental sostiene que la paz impuesta a los vencidos fue «anárquica, vengativa y sangrienta» y que buena parte de la población civil alemana —no solo los soldados— pagó las consecuencias de la derrota. La pieza se abre con una frase atribuida a Hitler dirigida a un grupo de niños: «disfrutad de la guerra, porque la paz será más terrible todavía». Ese es el tono.
Lo llamativo no es solo el contenido, sino el canal. Que, según los participantes, un espacio de este tipo se programara en la televisión pública y después se esfumara de su catálogo alimenta la sospecha de que su emisión fue un descuido. La alternativa no es mejor: circula libremente fuera. Como resume una intervención del debate, el hecho no es que exista el documental —en internet hay de todo—, sino que lo pusieran ahí.
La expulsión de alemanes del Este y el papel de los aliados
El núcleo del asunto son los alemanes étnicos que llevaban siglos viviendo en países vecinos y que tras 1945 fueron expulsados o deportados. El documental cierra con una idea que resume su tesis: «la mayor limpieza étnica de la historia, aprobada por los aliados victoriosos, sigue siendo una atrocidad oculta a plena vista».
La destrucción de Prusia Oriental es el caso que más se subraya, por desconocido. Frente a eso, una parte del análisis recuerda episodios anteriores al final de la contienda, como el llamado domingo sangriento de Bromberg, y los bombardeos estratégicos sobre ciudades alemanas. Material, sostiene esa corriente, no falta.
Other Losses: la acusación contra Eisenhower
El otro eje del debate es la obra de James Bacque
Other Losses (1989), que sostiene que la política aliada hacia los prisioneros alemanes causó más bajas durante la paz que en toda la guerra en el Frente Occidental. El libro llegó a manos del periodista canadiense Peter Worthington, del
Ottawa Sun, que publicó su propia investigación el 12 de septiembre de 1989 con una conclusión incómoda: que Dwight D. Eisenhower fue, en sus palabras, un criminal de guerra de inmensas proporciones.
Conviene ser claro: esa tesis nunca ha sido aceptada como hecho probado por la historiografía académica y sigue siendo objeto de disputa. Se cita aquí como lo que es, una acusación discutida, no una verdad cerrada. Junto a ella circulan también obras como
Continente salvaje de Keith Lowe, considerada veraz aunque tendenciosa en su enfoque según un participante del debate.
Historiografía, memoria y teorías sin respaldo
En el debate conviven tres miradas. Una sostiene que la expulsión fue una limpieza étnica silenciada que la memoria oficial europea prefirió enterrar. Otra responde que Alemania recogió lo que sembró y que la comparación con las víctimas del propio régimen carece de sentido. Y una tercera, minoritaria, deriva hacia explicaciones conspirativas sobre quién movió los hilos de la guerra y de la paz; esas lecturas no cuentan con ningún respaldo documental y funcionan como ruido, no como análisis.
El material más fino —la cronología de las deportaciones, los campos del Rin, los testimonios recogidos uno a uno— está disperso en portales alternativos y conferencias, no en los canales oficiales. Quien quiera el detalle tendrá que salir a buscarlo.
Donde el análisis se atasca es siempre en el mismo punto: si la cifra de doce millones describe a los expulsados o a los muertos, y quién certifica qué. Esa confusión, más que ninguna otra cosa, es la que mantiene vivo el asunto.