Franco y los judíos: una relación controvertida

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Forero Paco Demier
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8 Mar 2024
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El caso español: Franco y los judíos
1 Antecedentes: II República y Guerra Civil
  • ROZENBERG, Danielle, La España contemporánea y la cuestión judía, Madrid, Ed. Marcial Pons, 2010, p (...)
  • GONZÁLEZ, Isidro, «Los judíos y la Segunda República», in Historia, 16, 299, 2001, p. 83.
  • Véase BEL BRAVO, María Antonia, «Ángel Pulido y el sefardismo internacional», en Hispania Sacra, 10 (...)
«El advenimiento de la Segunda República en abril de 1931, lejos de cuestionar la política prosefardí de Alfonso XIII, ofrecerá, en cambio, un contexto mucho más favorable al acercamiento hispanojudío»24. Pero no fue así de sencillo, pues durante el gobierno republicano, la actuación no fue igualitaria y lineal en el tiempo, si bien el nuevo régimen político republicano inició una campaña llevada a cabo por líderes como Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos, Lerroux, o diplomáticos en el exterior como Américo Castro o Madariaga, en la que se invitaba oficialmente a los judíos a volver a la antigua Sefarad, considerado como la reparación del «error histórico de la expulsión» Américo Castro, haciendo referencia a la expulsión, la calificará de pérdida incalculable para España. Este hecho se puede poner en conexión con la nueva ley para la concesión de la nacionalidad española por carta de naturaleza a los sefardíes originarios de España, de la que se deriva que la expulsión y sus consecuencias eran consideradas como un proceso histórico inconcluso. Una de las primeras figuras históricas que cabe mencionar en este sentido, aunque más adelante hablaremos de él, fue Ángel Pulido Fernández26.
No obstante, este proceso iniciado con el gobierno de la Segunda República, se vio influenciado por la oleada antisemita que, en directa relación con los acontecimientos, se estaba produciendo en Europa Central, especialmente en Alemania y Austria, así como por el ataque de algunos partidos de la derecha española, que asociaban el judaísmo con el comunismo y la masonería. Fue a partir de 1932 cuando la cuestión judía se politizó y comenzó a alcanzar un mayor protagonismo, aunque con diferencias, dependiendo de cada partido o corriente ideológica, y desde ese momento se planteó la disyuntiva de ofrecer la nacionalidad a los sefarditas, de manera especial a aquéllos que huían del horror nancy en Alemania y del comunismo en la Unión Soviética.
Como decíamos, esta política de retorno no seguirá una tendencia lineal, pues irá sufriendo variaciones conforme se vayan sucediendo en el poder los distintos gobiernos republicanos. Así, al comienzo de la Segunda República será cuando dé comienzo esta política, pero se verá frenada entre 1934-1936 con la llegada al gobierno del centro-derecha, y vivirá su impulso definitivo con la presidencia de Manuel Azaña en febrero de 1936, cuando esta medida se impulse de manera más clara, con una protección especial a los judíos sefarditas griegos.
Pero el comienzo de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, supuso para la relación de los judíos con el gobierno republicano el cese de toda la actividad relacionada con las nacionalizaciones, siendo ahora la República quien busque el apoyo de los judíos a su causa.
La situación de los judíos europeos alcanzó su punto más delicado en 1938, cuando el antisemitismo comenzó a tener un desarrollo importante durante el Tercer Reich, desembocando en la tristemente conocida como Noche de los Cristales Rotos (9 de noviembre de 1938), en la que se destruyeron numerosos negocios regentados por judíos y sinagogas. Ante estos hechos, el gobierno republicano recibió por parte de Bernard Lecache, y a través de Marcelino Pascua, embajador en París, un informe detallado de las actuaciones que se iban a llevar a cabo en la ‘Asamblea Mundial contra el Racismo y el Antisemitismo’, en defensa de los pueblos amenazados por estas ideologías, ya fuera de carácter nacional o internacional.
  • IBÁNEZ SPERBER, Raquel, «Judíos en las Brigadas Internacionales. Algunas cuestiones generales», in (...)
Paralelo al despliegue del antisemitismo nancy, fue notorio el apoyo recibido por la República de parte del mundo judío, especialmente desde el ámbito intelectual, que se vio materializado en dos vías fundamentales: la prensa judía y la presencia de judíos en la Brigadas Internacionales27. Fueron muchos los periódicos judíos que decidieron apoyar a la República, de hecho, según Arno Lustiger, será en el diario Naylaben de Nueva York, un periódico judío publicado en yidish, donde aparezca por vez primera el apelativo de fascistas. Y también fue un periódico estadounidense de izquierdas, el Jewish Life, el que advirtió de las terribles consecuencias de que los rebeldes se hicieran con la victoria final:
  • 28 LUSTIGER, Arno, ¡Shalom libertad! Judíos en la Guerra Civil Española, Barcelona, Flor del Viento Ed (...)
Una victoria de Franco en España sería la señal para una conflagración mundial. Significaría la maldición para esos millones de seres humanos que pertenecen a las minorías nacionales de diversos países europeos; significaría fin y perdición para millones de judíos. ¡Franco no debe ganar!28.
26En cuanto a las reacciones frente al conflicto bélico español en Italia, Mussolini llevó a cabo una campaña basada, fundamentalmente, en dos acusaciones: que los judíos fundamentaban ideológicamente al Frente Popular y al comunismo soviético en España, y que prestaban un relevante apoyo económico a la causa republicana.
27No cabe duda que la Guerra Civil despertó todo tipo de sentimientos y apoyos en el contexto internacional, como también es cierto que la inmensa mayoría del judaísmo del continente europeo se posicionó a favor de la causa republicana.
2 Los judíos españoles tras la victoria de Franco (1939-45)
  • OJEDA MATA, Maite, «Sefardíes, identidad y ciudadanía en la España contemporánea (siglo XIX y prime (...)
El periodo cronológico elegido, 1939-1945, responde a que será tras la Guerra Civil, y hasta 1945, cuando el régimen de Franco conoció su fase totalitaria de corte más fascista, y en el que, por tanto, las ideas y medias antisemitas se dejaron ver de manera más evidente. En palabras de Maite Ojeda: «El triunfo del franquismo no sólo significó la recuperación del vínculo privilegiado entre Iglesia y Estado, sino la exclusión, de derecho y de hecho, de los no-católicos del acceso a la igualdad jurídica, incluyendo la adquisición de la ciudadanía española»29.
No obstante, el antisemitismo en los primeros años de la España franquista, según la tesis de José Lisbona, fue difundido de manera exagerada en el exterior, incluyendo informaciones falsas sobre leyes antijudías. De hecho, la Embajada alemana en Madrid presentará quejas por la escasa presencia de antisemitismo en España, tal y como ellos lo entendían. Aun así, no podemos cometer el error de considerar a la España de la época un país con ausencia de antijudaísmo, pues los judíos encontraron trabas y problemas, tales como la prohibición de la circuncisión, los enlaces matrimoniales y los entierros judíos. A estas medidas habría que sumar la prohibición de registrar a los hijos de judíos si no habían sido bautizados, y la obligación de los niños y niñas en edad escolar de asistir a clases de religión católica.
Habrá que esperar a 1945, cuando la Ley de Educación Primaria permita a los hijos de extranjeros no católicos no asistir a clases de religión, y el Fuero de los Españoles (17 de julio) otorgue la posibilidad de la práctica privada de religiones no católicas, abriéndose las sinagogas que habían sido cerradas, junto con los cementerios. Aun así, el férreo control ideológico que se llevó a cabo sobre el sistema educativo, llevará a incluir en los manuales una «historia oficial» que presentaba a los judíos como enemigos históricos del país, llegando incluso a culpabilizarlos de la guerra.
ISRAEL GARZÓN, Jacobo, «El Archivo Judaico del Franquismo», en Raíces, 33, 1977, p. 60. URL: <http: (...)
Pero fue en 1941 cuando se llevó a cabo la medida más amenazante y peligrosa contra los judíos españoles, y no por casualidad, sino coincidiendo con el momento de mayor relación entre la España franquista y la Alemania de Hitler. La Dirección General de Seguridad ordenó a los gobernadores civiles provinciales redactar y enviar informes sobre todos los judíos que residían en el país, destacando entre los datos a recoger, la inclinación política y el «grado de peligrosidad»30.
  • ÁLVAREZ CHILLIDA, Gonzalo, El antisemitismo en España. La imagen del judío (1812-2002), Madrid, Mar (...)
En cuanto al discurso público de Franco, podemos encontrar declaraciones de carácter abiertamente antisemita: alianza del espíritu judío con el marxismo, equiparación de los términos capital-judaísmo-marxismo, y una carta dirigida al Papa Pío XII en la que acusaba al judaísmo de llevar a cabo un programa de repruebo contra la civilización católica. A diferencia del caso italiano, en el caso franquista no aparecen las teorías de la raza, con una única referencia en un discurso al hablar de las razas que se caracterizaban por su codicia. Podemos asegurar que Franco se posicionó contra los judíos, pero su actuación distaba mucho del antisemitismo radical de la Alemania nancy o la Italia fascista. Resulta muy interesante para ver la imagen que se proyectaba del judío en la España franquista la obra de Álvarez Chillida31.
3 El régimen franquista frente al Holocausto
Los consulados de España, Turquía, Chile, Suiza e Irán pusieron interés en que sus ciudadanos detenidos en París fuesen liberados, pero a principios de septiembre de 1941, sólo Italia lo había conseguido. Así las cosas, a mediados de 1942 y en contra de lo recomendado por el embajador alemán en París, Otto Abetz, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán decidió eximir de las deportaciones de Francia a Auschwitz, a los judíos de los países aliados, neutrales e, incluso en algún caso, enemigos. A pesar de la insistencia de Adolf Eichmann en las deportaciones (su objetivo era que todo el pueblo judío hubiese sido deportado, como muy tarde, a mediados del año 1943), la Alemania nancy dio, como ultimátum, dos alternativas: la repatriación o la deportación.
El conocimiento que el gobierno franquista tenía sobre la situación del Holocausto, remite a la pregunta acerca de hasta qué punto los dirigentes españoles eran conocedores o no de la persecución y asesinato de los judíos. En palabras de Martín de Pozuelo,
MARTÍN DE POZUELO, Eduardo, El franquismo, cómplice el Holocausto, Barcelona, La Vanguardia Edicion (...)
«el exterminio de los judíos y otras minorías por parte de los nazis no fue un secreto que se descubrió por sorpresa a final de la II Guerra Mundial tal como nos han intentado hacer creer. Se supo lo que sucedía –y se supo con detalle- pese a que los nazis trataron de ocultarlo […]»32.


ROZENBERG, Danielle, La España contemporánea y la cuestión judía, op. cit., p.214. Entre otras apor (...)
Dicho autor señala el noble, pero aislado, papel jugado por ciertos diplomáticos españoles en la protección de los judíos, derivó en una visión falaz explotada por el propio régimen de un Franco filosemita. Esta supuesta acción humanitaria de Franco, se ha visto desmentida y desacreditada por diversos trabajos históricos desde mitad de los años setenta, tal y como afirma Rozenberg33.
  • El papel jugado por estos diplomáticos ha sido recogido en una exposición itinerante promovida por (...)
Las primeras informaciones de lo que estaba ocurriendo llegaron de manos de un grupo de médicos que había estado en Austria y Polonia, que avisaron en un informe al ministro español de Gobernación sobre la eutanasia y el encierro de la población judía en guetos. Posteriormente se desarrollará uno de los hechos más conocidos de esta época con respecto a la persecución y eliminación de los judíos: el papel jugado por algunos diplomáticos españoles, cuyas acciones de rescate fue encomiable, no dudando en algunos casos ir más allá de sus competencias, infringiendo medidas ministeriales e incluso arriesgando su propia vida. Entre estos diplomáticos habría que destacar los siguientes nombres: Bernardo Rolland (París), Sebastían Romero Radigales (Atenas), que ha recibido en el año 2014 la distinción de Justo entre las Naciones, Ginés Vidal (Berlín), Julio Palencia (Sofía) llamado “el magnífico amigo de los judíos”, José Rojas y Moreno (Bucarest) y Ángel Sanz Briz (Budapest) al que el Memorial Yad Vashem otorgó la distinción de “Justo entre las Naciones”34. No obstante, y pese a la actuación de estos diplomáticos, es necesario seguir reflexionando sobre la complicada relación entre España y los judíos, ya que por lo visto:
  • BAER, Alejandro, «Los vacíos de Sefarad. La memoria del Holocausto en España», en Política y Socied (...)
[…] no es solamente la conexión Franco-Hitler en el contexto europeo lo que nos vincula al Holocausto, sino el hecho de que en la España de Franco y mucho más allá de la dictadura, el genocidio nancy fuera considerado un tema “de judíos y alemanes”. ¿Cómo pensar que eso no nos afecta – recoge el autor palabras de Reyes Mate – cuando tantos españoles fueron educados en una España franquista, es decir, con categorías que privaban de significación a esta catástrofe?35.
4 La defensa de los judíos por Franco: ¿mito o realidad?
Fue ya durante la II Guerra mundial cuando el gobierno franquista comenzó a querer presentarse como salvador de los judíos ante las potencias aliadas occidentales y ante las organizaciones judías. A esto contribuyó de manera especial el embajador de España en Washington, quien permitió que en Estados Unidos se proyectara una imagen positiva de España en este sentido.
En un primer momento, el rabino Maurice Perlzwieg, presidente del Congreso Mundial Judío (CMJ), envió varias peticiones al gobierno de Franco para que éste le permitiera ayudar a los refugiados en España, a la vez que solicitaba que el gobierno franquista interviniese ante Alemania a favor de la evacuación de niños judíos. Las peticiones del CMJ fueron reiteradas, pero su gran decepción vino cuando se supo que, en la primavera de 1944, España había establecido que el requisito sine qua non para la entrada de más sefardíes en la Península, era su posterior evacuación a otros países.
No será hasta el final de la guerra, cuando se desarrolle de manera específica una cooperación entre organizaciones judías y el gobierno franquista, en el que ambas partes salían beneficiadas. Las organizaciones intentaron salvar a un gran número de judíos de los campos de concentración y exterminio y, como contrapartida, el gobierno de Franco sería debidamente reconocido por los medios de comunicación de los aliados. Por supuesto, para Franco no se trataba, en absoluto, de lograr buenas relaciones con los judíos y ayudarlos en su situación, como de asegurarse una posición pública favorable en la política internacional de posguerra. Haim Avni lo describe así:
  • ROTHER, Bernd, Franco y el Holocausto, cit., p. 396.
El interés de España en mejorar las relaciones públicas no fue lo suficientemente fuerte como para actuar como impulso para la salvación. Además, este interés ha estado ampliamente servido por las estrechas relaciones que embajadores españoles labraron con un número de líderes judíos, los cuales beneficiaron a España fomentando el mito de la amplitud de sus actividades a la hora de salvar judíos36.
  • Denominación que hace referencia a dos informes sobre los asesinatos masivos que se llevaron a cabo (...)
Si Franco puede ser considerado como salvador de los judíos, ya hemos visto que es muy relativo. De hecho, Martín de Pozuelo afirma que el diplomático franquista Sanz Briz envió a Madrid, basándose en lo que se conocen como los Protocolos de Auschwitz37, información de lo que estaba sucediendo en los campos de concentración, que incluía el dato de que se estaba utilizando grasa humana para elaborar jabón. Este documento se archivó en Madrid sin darle importancia alguna, por lo que Franco, siguiendo a Martín de Pozuelo, permitió la fin de judíos de nacionalidad española pese a poder salvarlos mediante las oportunidades reiteradas que le ofreció la Alemania nancy de deportarlos a España. Es más, las veces que el gobierno franquista ayudó y socorrió a los judíos, fue por causas ajenas a su voluntad y por intereses propagandísticos, concluye Pozuelo. También el historiador de la Universidad de Jerusalén, Yehûda Bauer, especializado en la Shoah, reflexionó sobre esta cuestión en su obra American Jewry and the Holocaust, en la que expuso la hostil indiferencia del gobierno español, haciendo referencia a los miles de judíos que el franquismo dejó de salvar.
 
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