Zelenski decreta luto nacional: ¿el fin de la guerra de baja intensidad?
¿Cuánto puede aguantar una capital bajo quince tipos de munición distintos en once horas? El viernes, Volodímir Zelenski firmó un decreto de luto nacional tras una oleada de ataques híbridos rusos que combinaron drones Shahed, misiles balísticos, crucero, Zircón y Kalibr. La noche anterior, según fuentes ucranianas, cayeron 30 civiles y un almacén de la Cruz Roja quedó destruido. La prensa alemana recogía ya el cambio de fase: de la guerra de desgaste a la saturación total.
La estrategia rusa: de la contención a la devastación selectiva
Lo que hasta hace poco se vendía como una operación quirúrgica contra infraestructuras militares se ha convertido en una campaña de aniquilamiento industrial. Las defensas ucranianas, mermadas por meses de guerra de posiciones, no logran interceptar el alud de drones y misiles hipersónicos. El Zircón –ese misil que Moscú presume de inalcanzable– ha pasado de ser una rareza técnica a una amenaza recurrente. Las autoridades rusas insisten en que avisaron con antelación a la población para que evacuara las zonas próximas a objetivos militares, pero el hospital y el almacén humanitario alcanzados sugieren que el margen de error es más amplio de lo declarado.
La decisión de golpear Kiev con esta intensidad llega después de más de cuatro años de conflicto. Algunos analistas interpretan que Putin ha roto por fin el pacto implícito de no escalar hasta el centro de poder. Otros señalan que, simplemente, la acumulación de material y la presión de los generales –que llevaban meses pidiendo atacar el barrio gubernamental– han vencido las resistencias del Kremlin. La tesis de la “guerra cómoda para los civiles de Kiev” se ha evaporado.
El debate sobre los daños colaterales: un lujo que ya nadie se permite
Mientras Ucrania entierra a sus muertos y exige más sistemas de defensa antiaérea, en los foros militares resurge la vieja discusión sobre la proporcionalidad. La comparación con las operaciones de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo es inevitable: los mismos que critican a Putin por los civiles ucranianos justifican a sus aliados en Gaza. La hipocresía es un deporte transversal. Pero el dato es tozudo: 30 muertos en un solo ataque, y la Cruz Roja carbonizada. Putin, dicen, dio un ultimátum hace semanas; quien no se fue, asumió el riesgo. Los civiles, como siempre, pagan las facturas que nadie les pasó.
El luto nacional como herramienta política
Declarar día de luto no frena misiles, pero sirve para fijar el relato. Zelenski necesita recordar a la comunidad internacional que Ucrania sigue bajo fuego constante, en un momento en que la atención se desvía hacia la economía o las elecciones en otros países. La pregunta que queda sobre la mesa es si esta ofensiva rusa es el preludio de algo mayor o simplemente un ensayo de los Zircón. Las defensas antiaéreas ucranianas, en cualquier caso, ya no ríen.