De las 14.995 pesetas a los casi 400 euros: la nostalgia de las zapatillas míticas
Un forero recuerda haber pagado en 1995 exactamente
14.995 pesetas por un par de zapatillas, que compaginaba con unas Paredes de cierre de velcro y unas John Smith con cámara en forma de herradura en el talón. Otro participante cuenta que cuidó tanto unas zapas que se las puso tan poco que se pasaron de
moda, las vendió casi nuevas a un colega por un talego y ahora las ve anunciadas por
casi 400 euros. La nostalgia, en estos casos, tiene mercado secundario.
En la conversación sobre zapatillas míticas de la juventud aparecen Yumas, Paredes, Tórtola, Happy Luck, Fer-Gar, J'Hayber, Aguirre, Rox, New Caro, Alton, Reebok The Pump, Ewing y Adidas Surf. Marcas que definieron una época y que hoy, en algunos casos, funcionan como objeto de coleccionista o fósil comercial.
Cuánto costaban las zapatillas míticas en los 90
Los precios que aparecen en la conversación dibujan una escala muy amplia. Un forero recuerda que unas
Adidas Surf de piel vuelta azul y rayas naranja le costaron 1.200 pesetas. Otro afirma que unas zapatillas le costaron
18.500 pesetas, cantidad para la que dice haber estado ahorrando dos años. Las
14.995 pesetas del arranque de la conversación son otro de los precios citados, no un término medio calculado.
La conversión a euros no ayuda a suavizar el golpe. 14.995 pesetas equivalen a unos 90 euros; 18.500 pesetas, a unos 111. Lo llamativo, según los relatos, es el salto en el mercado de reventa: un modelo que se compró por un talego y se revendió casi nuevo a un amigo hoy se anuncia por
casi 400 euros.
Yumas, Paredes y Tórtola: el lujo que no todas las familias podían pagar
No todo el mundo accedía a las marcas de moda. Un participante afirma que
unas Yumas o unas Paredes eran un lujo para muchas familias, entre ellas la suya. La alternativa eran las Tórtola, porque no había cuartos para más finuras, o las Fer-Gar, tan humildes que, según su dueño, ni siquiera encuentra fotos de ellas. También aparecen las Happy Luck como referencia local y las Aguirre compradas en mercadillo por cuatro duros, que según un forero duraron lo que no está escrito.
El paralelismo con la ropa es inevitable. El mismo participante cuenta que pedía vaqueros Lois o Rock y recibía vaqueros de saldos, y que con los camperos de Valverde del Camino, tan de moda en los setenta, pasaba lo mismo. La consecuencia, décadas después, es su aversión hacia la ropa de marca con logos grandes.
El negocio de reeditar lo que ya funcionó
La reventa no es el único síntoma. Hay quien reconoce haber cuidado tanto unas zapatillas que se las puso tan poco que se pasaron de moda y acabó vendiéndolas casi nuevas a un conocido por un talego. Ahora las ve anunciadas por casi 400 euros.
La calidad del calzado actual aparece como queja recurrente. Un forero cuenta que las suelas de sus últimas J'Hayber se desintegraban como chicle. Otro sostiene que las plantillas de cartón y el cuadriculado que rompía el pie explican por qué triunfaron las grandes marcas deportivas. La conclusión compartida es que
nada tiene la calidad de antes, y que quien se fija en esos detalles vive en una rayada mental permanente. También hay quien sostiene que antes se era más joven e impresionable, y que todo molaba más por eso.
Del zapatero al mercadillo: reparar lo que ya no se fabrica
La longevidad de aquellas zapatillas obligaba a pasar por el zapatero. Un caso concreto menciona un cambio de suelas en unas azules. La duda técnica que surge es si se trataba de un cambio completo quitando la vieja o solo de medias suelas, porque, según un forero, los Camper iban termofundidos y no cosidos y pegados, lo que en teoría los hacía imposibles de reparar. La respuesta no queda cerrada.
El contraste con el presente es duro. Las zapatillas compradas en mercadillo por cuatro duros duran lo que no está escrito. La calidad de todo, se concluye, es una mierda comparada con la de entonces.
La conversación deriva hacia los zuecos tipo crocs que algunos usan ahora en casa, hacia los calcetines irrompibles del anuncio de las Yumas y hacia los perros que destrozan el calzado ligero en el jardín. El dato que descoloca no es que aquellas zapatillas valieran 1.200 pesetas. Es que hoy alguien pague casi 400 euros por el mismo par que entonces se compraba en rebajas.