YouTube se llena de vídeos con IA y el público los detecta
¿Cuánto tarda un espectador en darse cuenta de que el vídeo que está viendo no lo ha hecho una persona? Menos de lo que tarda en decirlo. La queja que recorre YouTube es que al entrar en la página de inicio, buena parte de los vídeos que aparecen son de canales fabricados con inteligencia artificial: imágenes generadas, voz sintética y monólogos que dan vueltas al mismo concepto sin transmitir nada. El diagnóstico más repetido entre quienes lo comentan es que la plataforma se ha llenado de contenido basura y que el espectador lo detecta en segundos.
El problema no es solo estético. Hay una huella reconocible. La coletilla del tipo «no por Tal, sino por Pascual» se ha convertido en la firma involuntaria de los guiones generados, hasta el punto de que quien la escucha sabe que el texto no lo ha escrito una persona. Y lo que antes era un truco de canales pequeños ha empezado a aparecer en guiones de youtubers conocidos, lo que rebaja la calidad percibida incluso de los que sí ponen la cara.
Qué se pierde cuando el vídeo no lo hace nadie
El valor de un canal, según esta corriente, está en la voz. Aunque el creador no salga en pantalla, se le escucha, y eso permite que dé su opinión personal y muestre perspectivas nuevas sobre lo que cuenta. La IA, en cambio, alarga el vídeo con prosa vacía para cumplir con la duración y no aporta nada que no estuviera ya en el enunciado.
La comparación que se hace es con la producción en cadena: un cuadro impreso industrialmente por millones no vale lo mismo que uno pintado a mano. El símil tiene un límite, porque la imprenta al menos copia la obra de una persona. Aquí ni eso.
El algoritmo recomienda lo que ya te gusta, también si es basura
La explicación técnica que circula es incómoda para la plataforma. YouTube sabe qué temas consumes, así que cuando alguien monta un canal de contenido generado sobre esos mismos temas, el sistema te lo ofrece. Como producir con IA es cada vez más barato, la oferta de esos canales crece y la página de inicio se satura. No es que el algoritmo se equivoque: es que acierta con el tema y falla con la calidad.
De ahí que la recomendación más repetida sea no entrar por la página de inicio. Quien tiene una lista de suscripciones de confianza y entra directamente por ella apenas ve el problema. Quien se pone en modo aleatorio, como se hacía con la televisión cuando no había otra cosa, encuentra basura a paladas.
Los que ya no ven ni los tráilers
El caso del cine es el más extremo. Quien sigue estrenos y proyectos se topa con tráilers falsos hechos con IA que parecen reales, hasta el punto de que muchos han dejado de ver tráilers por miedo a darle al clic equivocado y monetizarle el engaño a un desconocido. La misma sospecha ha llegado a los vídeos de naturaleza: ya no se sabe si el animal que captura a su presa es real o está generado, y aparecen escenas que los documentalistas clásicos no lograron grabar en décadas.
La petición que se repite: que se marquen
La propuesta más extendida es obligar a etiquetar el contenido generado con IA, igual que se etiqueta una colaboración pagada. Sin marca no hay filtro posible, y sin filtro la única defensa es la huida. También se señala que la plataforma ha ido retirando herramientas de control: el filtro por fecha de subida se ha simplificado a tramos de semana, mes y año, lo que perjudica a quien busca lo más reciente de un tema concreto.
Hay quien recuerda que la degradación empezó antes, con el clickbait, y que la IA solo ha llevado al paroxismo una tendencia que ya existía. Y hay quien sostiene que el problema real no es la IA, sino la publicidad cada vez más agresiva, que empuja a pagar una suscripción y que se cuela también dentro de los pódcast. La plataforma sigue teniendo canales buenos. Encontrarlos es el trabajo.
Con estos mimbres, lo lógico sería que el público hubiera migrado en masa. Sigue ahí, dándole a «no me interesa» y cerrando pestañas. Al final, el algoritmo aprende de ti. Lástima que para enseñarle haya que tragarse antes un rato de nada.