Cuando ser honrado es de pringados: la tentación de pasarse al otro lado
En un país donde, según un sentir cada vez más extendido, «el que obra bien es un pringado martirizado por un estado corrupto», la tentación de saltarse las reglas gana adeptos. Un ciudadano de cincuenta años, que aporta la mayor parte de su salario en impuestos, describe un panorama desolador: políticos que se van de putas y se meten drogas durante la pandemia con total impunidad, mientras a él le niegan una vejez digna y los recursos se desvían hacia «extranjeros paguiteros». La sensación de ser víctima de un régimen que roba en la cara y premia a los tramposos dispara la pregunta incómoda: ¿compensa ser legal?
Impuestos crecientes, servicios menguantes
La narrativa del «régimen» que saquea al contribuyente mientras mantiene a una casta privilegiada se repite. No es solo una queja fiscal: es la constatación de que el esfuerzo individual no garantiza ni una jubilación digna. Los funcionarios y jubilados que votan para conservar sus privilegios son señalados como cómplices. El resultado es una erosión de la confianza en las reglas del juego. «Delincuente es la carrera más premiada por nuestro gobierno», se afirma, y la lógica perversa se extiende: también ser vulnerable (no escolarizar a los hijos, tener muchos hijos mal alimentados) se convierte en una estrategia racional porque el sistema lo subsidia.
La justificación de lo injustificable
Hay quien va más allá y sugiere que delinquir contra bienes de políticos o altos cargos es incluso positivo para la autoestima, siempre que no haya víctimas directas. Robar los tapones del coche del alcalde se presenta como un acto casi catártico. Otros señalan a las ONG como el vehículo perfecto para desviar impuestos y blanquear ingresos bajo apariencia de solidaridad. La conclusión: en un sistema que convierte la ilegalidad en negocio, la honradez es una opción irracional.
Pero el debate deja una brecha incómoda: si tantos ciudadanos llegan a esta conclusión, el contrato social está roto. La pregunta que nadie responde aún es si la solución pasa por una purga del sistema o por una rendición al cinismo generalizado. De momento, la balanza se inclina hacia lo segundo. Y mientras la ejecutiva del PSOE se ríe, muchos se plantean si no sería más listo sumarse a la fiesta.
Debates relacionados en el foro