Romance de cuento vs. realidad de discoteca: lo que revela una noche de fiesta
El cuento de hadas ha perecid. La prueba está en una noche de fiesta, un policía recién conocido y una disculpa que nadie compra. La historia parece sacada de un manual de desengaños: él escribe poemas, hace dibujos, lleva un mes de cortesía; ella decide irse con otro y alega que estaba borracha.
El episodio ha generado dos lecturas. La primera es la del cinismo: ninguna lealtad aguanta la oportunidad de un “mejor partido”. La segunda, la de la responsabilidad: ser mayor de edad y estar borracha no te exime de las consecuencias.
La brecha entre la princesa y la realidad
La idealización es el primer error. Convertir a una persona en un personaje de cuento — princesa, caballero — es comprar decepciones. Los detalles del episodio lo delatan: un mes de tonteo, unos poemas y un regalo frente a una noche de alcohol y un desconocido. El resultado no es traición, es el choque entre expectativa y comportamiento. Y ahí suele perder el romanticismo.
Cinismo o responsabilidad
Hay quien sostiene que el amor romántico es un invento de otra época y que la única salida es no mostrar necesidad afectiva. En el lado contrario, se argumenta que el alcohol no convierte a nadie en mar1: la persona elige, y usar la borrachera como excusa es escurrir el bulto. Ninguna de las dos posturas es amable. Las dos coinciden en algo: las relaciones ya no se construyen sobre promesas de cuento.
La conclusión incómoda es que el romance tradicional se estrella contra una realidad mucho más cruda. Quien siga buscando princesas acabará coleccionando noches como esta. Tampoco el cinismo es refugio: la felicidad, dicen otros, se encuentra en no supeditar la existencia a que alguien te quiera. Y es probable que la próxima decepción llegue antes de lo que pensamos.