Solo los hutíes declaran la guerra a Israel, no todo Yemen
En octubre, un titular corrió más rápido que cualquier misil: Yemen declaraba la guerra a Israel. La letra pequeña llegó después y desmonta medio enunciado. No fue el Estado yemení, sino los hutíes —el movimiento que controla el oeste del país— quienes anunciaron hostilidades contra Israel. El gobierno reconocido internacionalmente no firmó nada de eso. Y esa diferencia, que parece burocrática, decide de qué estamos hablando: de una declaración entre Estados o del anuncio de una milicia con territorio propio y padrinos al otro lado de su frontera.
¿Por qué un misil lanzado contra Israel acabó cayendo en Jordania?
Según relatan participantes del foro, el primer episodio dejó una imagen poco épica: un proyectil disparado hacia Israel que terminó desplomándose en territorio jordano. Los lanzamientos posteriores tampoco completaron el recorrido. Hay quien sostiene que Estados Unidos y Egipto habrían interceptado la práctica totalidad de los proyectiles, y cada intento cuesta un dinero. La escala del reto ayuda a entenderlo: según un participante, la distancia entre el oeste de Yemen y el sur de Israel ronda los 2.000 kilómetros, y el arsenal que se gasta en cada salva es caro.
Por qué el control del mar Rojo cambia el tablero
La franja costera que administran los hutíes es algo más que un dato geográfico. Desde ahí, la trayectoria hacia el sur de Israel es casi una línea recta, sin necesidad de sobrevolar tierra firme, y los misiles modernos corrigen rumbo y maniobran en vuelo. Sobre el papel, la milicia tiene a tiro a muchos de los buques que atraviesan la zona. Ese es el punto que separa la burla de la inquietud comercial: no hace falta ganar una guerra para encarecer el transporte de medio mundo. Hay quien sostiene, además, que una milicia criada en condiciones durísimas no mide el riesgo igual que un Estado. Es una corriente de análisis, no un dato.
El sospechoso que no es Irán
Hay quien apunta a Teherán, que habría prometido apoyo a sus socios yemeníes. Una segunda línea de lectura va por otro lado: cuesta creer que Arabia Saudí permita el vuelo de drones y cohetes a lo largo de miles de kilómetros pegados a su frontera, y hay quien sitúa el origen real de los lanzamientos en Egipto. Lo que comparten todas las hipótesis es lo mismo: actores que niegan cualquier implicación mientras el material sigue llegando. Hay quien compara la declaración con la de los países sudamericanos a Alemania en 1944/45, cuando el resultado militar ya estaba escrito.
Lo que el anuncio deja en el aire es más de lo que resuelve. Se ha declarado la guerra a un país con el que no se comparte frontera, a miles de kilómetros, con proyectiles caros y escasos. Si esa milicia aguanta el ritmo, si Israel responde en profundidad o si Riad acaba obligado a posicionarse son preguntas sin respuesta todavía. La declaración está sobre la mesa. El resto sigue pendiente.