La batalla por la palabra “niña” se libra en los cromosomas
¿Cuándo una niña no es una niña? La pregunta suena a acertijo, pero es el centro de una trifulca que no para de crecer. Mientras un sector de la opinión pública estadounidense y parte del feminismo insisten en que la protagonista de la foto es una menor, hay quien recuerda que, biológicamente, las cosas son como son. Y por ahí van los tiros.
La chispa es un posado que circula como noticia. No hay consenso ni sobre la edad ni sobre el sesso: se cita que tiene 15 años, pero también se menciona la presencia de cromosomas XY. La contradicción no es menor: si el término “niña” se aplica por simple apariencia, cualquiera podría reclamarlo; si se aplica por edad legal, la biología importa menos.
El lenguaje como campo de batalla ideológico
Detrás del caso concreto asoma un fenómeno recurrente: el uso de la palabra “niña” como comodín. Hay feministas que llaman niñas a muyer de 30, y aquí se da la vuelta a la tortilla. Unos lo ven como protección, otros como manipulación del relato. La discusión deriva en acusaciones graves: la etiqueta se convierte en un arma para deslegitimar a quien se atreva a dudar.
La realidad alterada, el nuevo fantasma
Lo más interesante del intercambio es la sospecha de que algunos realmente se creen que aquello es una niña. Ya no sería un error de apreciación, sino una distorsión voluntaria de la realidad. Y en ese punto, la ironía se vuelve incómoda: los mismos que exigen precisión en el lenguaje son los que más lo estiran.
Mientras tanto, la biología sigue esperando turno. Pero en esta pelea, nadie parece dispuesto a dejarla hablar.