Estudiar 32 de 43 temas para la plaza en Cantabria
¿Cuántos temas hay que dominar de verdad para aprobar una oposición? En el caso del administrativo del Gobierno de Cantabria la respuesta que circula es incómoda: 43 temas en el programa, entre 30 y 32 preparados y el resto directamente descartado. Tres de ellos ni siquiera se han fotocopiado todavía.
El atajo tiene su lógica. Con el examen tipo test y la competencia disparada —se habla de unos 2.000 aspirantes repasando mapas mentales para las mismas plazas—, concentrar el esfuerzo en los bloques de más peso puede rendir más que un repaso superficial de todo el temario. Recortar no es estudiar menos. Es apostar.
El cálculo de recortar temario: ¿estrategia o ruleta?
Dominar treinta temas bien vale más que rozar los cuarenta y tres, sostiene una parte del análisis. El problema es que el tipo test castiga la dispersión: una batería amplia de preguntas repartidas por todo el programa convierte lo abandonado en agujero. Y con la ratio de plazas habitual, cada tema que no se toca es una casilla menos que marcar.
La otra corriente es más agria. Si el proceso acaba premiando al de siempre, estudiar la mitad del temario es tirar el dinero y el tiempo. La sospecha de favoritismo recorre cualquier convocatoria masiva, y Cantabria no se libra.
Por qué la plaza cántabra y no la de Madrid
Debajo del temario hay otra pregunta: por qué alguien quiere una plaza en Cantabria y no en Madrid, Barcelona o, ya puestos, Ceuta. La respuesta suele ser de coste de vida y de ritmo. Un sueldo público rinde distinto según dónde se gaste, y la comunidad arrastra su propio relato político, con Revilla como referencia ineludible.
Con 32 temas de 43 bajo el brazo, el plan parece razonable. Si sale, será mérito propio; si no, será culpa del sistema. Una excusa disponible en ambos sentidos.