La Fanta de siempre ya lleva edulcorantes: adiós al azúcar
Preparar una sangría con Fanta de limón y notar que sabe raro no es una impresión subjetiva: la receta ha cambiado. El consumidor que compra la “normal de toda la vida” se encuentra ahora con edulcorantes en la lista de ingredientes. Y no es solo Fanta: Kas, Schweppes, Aquarius y buena parte de los refrescos del mercado han corrido la misma suerte. Fuera de Asia, encontrar una bebida gaseosa sin azúcar ni edulcorantes es casi una misión imposible, como comprobó quien ha visitado 90 países.
Por qué el azúcar ha desaparecido de la fórmula
La explicación no es una conspiración, sino dos variables de coste y una de márketing. El precio del azúcar registra subidas de más del 60% de un mes para otro, con fuertes fluctuaciones que complican cualquier fabricación. El edulcorante, por el contrario, es más barato, ocupa una fracción del espacio de almacén y permite vender la idea de un producto “menos calórico” sin cambiar demasiado el sabor. A esto se suma el impuesto a las bebidas azucaradas que pesa sobre el azúcar en varios países, España incluida.
El cambio se ha hecho sin ruido. Nadie anuncia en la etiqueta principal que la fórmula de toda la vida ya no es la misma; el consumidor lo descubre al leer los ingredientes o, directamente, al probar. Un suministrador industrial resume la operación: vender menos calorías y gastar menos en azúcar. No hace falta más.
Sucralosa, acesulfamo K y el miedo a lo que no se entiende
Los edulcorantes que aparecen con más frecuencia son la sucralosa (E955) y el acesulfamo K (E950). Se han publicado advertencias que los asocian con migrañas, dolores musculares, molestias digestivas e inflamación; el E950, además, contiene cloruro de metileno, un compuesto sospechoso en exposición ocupacional. Pero el azúcar tampoco sale limpio del análisis: el refinado es un producto de laboratorio a su manera, y su exceso está relacionado con obesidad, diabetes y caries.
Hay quien defiende que “el azúcar crece en los árboles”, como si la industria lo embotellara tal cual. La realidad es que azúcar y edulcorantes son procesados, y la decisión más racional, a falta de consenso científico, es reducir el consumo de ambos. El miedo al E950 convive con el escepticismo de quienes recuerdan que todo lo que no es agua pasa por algún proceso químico.
Alternativas: de la limonada casera al sifón
La respuesta práctica al problema tiene pocos misterios: agua con gas, sifón, té frío y limonada hecha en casa. Un limón da unos 250 ml de zumo; con tres limones, un litro de agua y tres cucharadas de azúcar morena se obtiene una limonada en un minuto. Las infusiones de té o hierbas también funcionan en frío: basta dejarlas 24 horas en la nevera.
También existe la vía regulación. En la Unión Europea, un producto etiquetado como “zumo” no puede llevar azúcar ni edulcorantes añadidos; el “néctar” sí puede. Por eso conviene leer la etiqueta antes de asumir que la bebida de frutas es sana. La opción “mad max” de mezclar infusión con sifón es válida, y el vino con sifón, ese clásico olvidado, no lleva ni azúcar ni edulcorantes.
Mientras tanto, la industria sigue facturando el “cero azúcar” como un logro. La ironía es que la guerra contra el azúcar la ha ganado un puñado de códigos E con nombres impronunciables. Y la sangría, claro, ya no sabe como sabía.