Eric Finch
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Y si no eres de derechas, ¿a quién votas?
27/10/2026Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Saben que Sánchez es lo peor para España pero siguen teniendo la sangre roja y el corazón a la izquierda
Tras la podemización del PSOE y la ausencia de un partido de centro que pusiera en un brete al PP e hiciera dudar a sus históricos votantes, quien ha votado históricamente a la derecha no tendrá ninguna duda porque no hay competencia más allá de la que se hacen entre sí las derechas; así, el próximo 29 de noviembre votará al PP o a Vox, su escisión por la derecha que, además, últimamente, recoge votos de las clases populares víctimas de las políticas de la izquierda o de la ausencia de ellas.
La cuestión o, al menos, lo que yo me cuestiono, es a quién votarán no sólo quienes han votado históricamente al PSOE y hoy discrepan de Sánchez, que también, sino quienes, por las razones que sean, incluso sin haber votado a Sánchez nunca, siguen sintiendo su corazoncito de izquierdas y pensando que votar al PP les supondría una incomodidad inasumible y hasta una traición a sus ideas más enraizadas, razón por la cual han optado durante los últimos años por quedarse en casa, votar en blanco o apoyar a opciones minoritarias sin posibilidad de obtener representación porque no votar les parecía una opción inaceptable; al fin y al cabo, son quienes, en última instancia, aunque en el fondo quieren que gobierne el PP para pasar página y acabar con esta etapa, prefieren mantenerse impolutos y puros antes que mancharse insertando en la urna una papeleta de aquellos a quienes no votarían nunca, aunque puede que sea la única opción para que Sánchez pase definitivamente a la historia. No me refiero sólo a quienes son del PSOE por pura afinidad y han dejado de serlo porque la realidad los ha despertado sino también a quienes, siendo de izquierdas, saben que Sánchez es lo peor para España pero siguen teniendo la sangre roja y el corazón a la izquierda, por lo que siguen teniendo remilgos para votar a Feijóo, que además pactará con Vox, lo que dificulta aún más el trance. Son aquellos que no están dispuestos a mancharse y votar a la derecha pero esperan que sean otros menos puros quienes lo hagan. Que tire la primera piedra quien esté libre de culpa.
Corrupción y despilfarro
Son quienes defienden la unidad de España por puro convencimiento sentimental pero sobre todo práctico: sin Estado no hay ciudadanía compartida ni Estado del Bienestar que asegure unas condiciones de vida y unos servicios públicos mínimos sobre todo a quienes no han nacido con un pan debajo del brazo; son quienes consideran reaccionario que no se pueda estudiar en español en cualquier parte de España porque es de sentido común y porque además semejante despropósito perjudica más a quienes tienen menos o son más vulnerables, como forasteros recién llegados o familias con pocos recursos; son quienes exigen que el Estado invierta en Sanidad y Educación públicas unas cuantías que vayan acercándose a los umbrales de los países más avanzados de nuestro entorno, para lo cual es indispensable no pactar con quienes quieren romper España; son quienes exigen que el Estado no despilfarre en publicidad y propaganda ni organismos públicos innecesarios pero piden que exista un sistema fiscal lo suficientemente robusto que sostenga y mantenga un Estado del Bienestar digno de tal nombre, para lo cual los impuestos, que deben ser pogre, son indispensables; son quienes aborrecen la corrupción política, el enchufismo de partido, las adjudicaciones a dedo, los asesores innecesarios y hasta las juventudes de los partidos políticos que maleducan en el repruebo al adversario y, sin embargo, a pesar de todo, siguen pensando que la política es una de las actividades más dignas a las que puede dedicarse un ciudadano; son quienes defienden el emprendimiento, la igualdad por arriba, el libre albedrío, las libertades individuales y la meritocracia pero que la ausencia de Estado y el individualismo salvaje empujan a un sálvese quien pueda tan perjudicial como el asistencialismo más paternalista; son quienes saben que en el mercado de la vivienda prevalece la ley de la oferta y la demanda y que, por lo tanto, nada se solucionará sin construir más pisos por parte de los gobiernos y por parte de la iniciativa privada pero que, además, el Estado puede legislar para tratar de poner ciertos límites al deseo de enriquecimiento infinito y a los desahucios injustos, sin por ello traspasar la responsabilidad a los propietarios; son quienes han comprobado que los sindicatos se han convertido en la correa de transmisión del gobierno pero que es necesario defender los derechos laborales y luchar por que los empleos que los trabajadores cobran sean dignos; son, en fin, quienes no quieren retrocesos en lo referente al aborto, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la lucha contra el […] y a la lucha contra la violencia hombrista, a pesar de que saben que la izquierda oficial habla mucho más de lo que hace y que en ella no es precisamente oro todo lo que reluce.Son, como digo, quienes siguen teniendo la sangre roja y el corazoncito a la izquierda, con todas las incoherencias que uno se imagine, pero sin que tales ideas les hagan creer que sus creencias son absolutas y sus adversarios, enemigos a desterrar de la faz de la tierra.
