El Corte Inglés dispara su beneficio un 22,8% y reduce su deuda al nivel más bajo en dos décadas
Hace apenas un par de años, los obituarios del gran almacén se escribían solos. Competencia implacable del online, cambio de hábitos, clientela envejecida… la receta perfecta para el desastre, según la sabiduría convencional. Pero las cuentas del ejercicio 2025-26 cuentan otra historia: beneficio neto de 628 millones de euros, un 22,8% más que el año anterior; deuda en mínimos de veinte años; y una cifra de negocio de 14.988 millones, sostenida por un consumo que no ha dado tregua.
¿Dónde está la clave del resurgir?
El Corte Inglés no ha hecho nada revolucionario. Se ha negado a ‘elcortefielizarse’, como apunta el argot del sector: no ha recortado servicio ni calidad para competir en precio low cost. Y ese diferencial se nota. La atención al cliente, la política de devoluciones, la garantía en electrónica y el famoso servicio de recogida de muebles viejos son armas que el online aún no ha igualado. Además, el supermercado se ha convertido en un imán: con ofertas periódicas y descuentos acumulables, una compra puede salir al mismo precio que en Mercadona, pero con productos de marca y una sección de frescos que muchos consideran superior. «El mejor supermercado de España», dicen los clientes fieles.
El cliente prototípico: boomer con patrimonio
El perfil del comprador habitual genera cierta controversia. El grueso de la clientela lo forman jubilados con alto poder adquisitivo, propietarios de varios inmuebles alquilados, que frecuentan los centros en horario laboral. Son los mismos que pueden pagar 300 euros por una camisa, aunque también están los que aprovechan las rebajas para vestir a precios de mercadillo. Pero no todo es textil: la tarjeta de crédito del grupo es el mayor emisor no bancario de España, lo que sugiere que la financiación al consumo —con tipos atractivos— actúa como pegamento comercial.
El negocio que no se ve: la banca en la sombra
Menos conocido es el brazo financiero de El Corte Inglés, que gestiona una cartera de crédito al consumo mastodóntica. Facilidades de pago, meses sin intereses, y una red de sucursales financieras dentro de los propios centros. Este negocio, a menudo ignorado por los analistas que solo miran el retail, ha contribuido a estabilizar los márgenes. La banca tradicional, mientras, mira con recelo a este competidor que no necesita captar depósitos para prestar.
El mito de la quiebra inminente
Llevaban años dándolo por muerto. Cada ejercicio se abría el melón de si El Corte Inglés aguantaría otro año. Y cada año, los resultados desmentían a los agoreros. Con esta entrega, la deuda neta se sitúa en el nivel más bajo desde 2005, lo que da margen para inversiones o incluso para una posible salida a bolsa que se rumorea desde hace tiempo. La compañía ha demostrado que un modelo de gran almacén tradicional, bien ejecutado, puede sobrevivir —y hasta prosperar— en la era de Amazon.
El dato que descoloca a los profetas del apocalipsis
Mientras los foros económicos llevaban años anunciando el fin, la realidad es que el beneficio ha crecido un 22,8% y la deuda se ha reducido al mínimo de dos décadas. La pregunta incómoda para quienes daban por hecho el derrumbe es: ¿y si el modelo de gran almacén, con servicio, surtido amplio y financiación propia, sigue teniendo más recorrido del que se le suponía?