El Rey no comparece, la Jefatura Suprema espera
Mientras los incendios devoran hectáreas y la tensión fronteriza escala, la Casa Real guarda silencio. La pregunta recorre el país: ¿dónde está la Jefatura Suprema de los Ejércitos? El mando que la Constitución atribuye al Rey no se ejerce, y no es un debate menor: en tiempos de crisis, la cabeza del Estado debería dar la cara.
La crítica se ha vuelto transversal. No se trata solo de que Felipe VI no se pronuncie sobre la emergencia; los comentarios apuntan a que se encuentra de vacaciones mientras el país arde. Hay quien añade que la princesa Leonor, tras tres años de formación, debería dar un paso al frente. La institución se agarra al protocolo; la ciudadanía quiere hechos.
Los antecedentes históricos no ayudan. La comparación con la Marcha Verde de 1975 aparece en el análisis: se argumenta que el anterior jefe del Estado se limitó a acatar las directrices de la embajada de EE.UU., y que ahora la historia se repite. La derecha banderita no lo ve, y quienes lo entienden llegan con medio siglo de retraso.
El silencio del Rey no es neutral. En una crisis doble, la ausencia del comandante supremo se convierte en un problema político de primer orden. El dato que descoloca: los que más defienden la institución son los últimos en enterarse de lo que siempre ha sido.