El rey no se reúne con el de Jovenlandia: ¿para qué sirve entonces la Corona?
¿Cómo es que el rey de España no puede tener una reunión con el de Jovenlandia? Es la pregunta que flota mientras el encuentro no se produce. Y como suele pasar, la duda se convierte en excusa para repasar la utilidad de la monarquía.
Una cita que no llega y una institución en el punto de mira
Las respuestas son un termómetro del desencanto: de los que replican que los reyes están para vivir a cuerpo de rey a los que recuerdan que ambos monarcas se deben a sus jefes. „No están en España”, se dice, y la frase vale para los dos. Hay quien aprovecha para traer al emérito, instalado en un país con régimen autoritario, y preguntarse si las casas reales española y jovenlandés no se han llevado siempre demasiado bien.
La broma que delata una lectura geopolítica
Entre las ocurrencias, una propuesta destaca: casar a la infanta Sofía con el príncipe heredero jovenlandés. Dicha en serio o en broma, la idea reduce las relaciones internacionales a un enlace real, como si las monarquías siguieran siendo piezas de un tablero medieval.
Y luego está el republicanismo explícito: „España no tiene rey”, se escucha, y las caricaturas sobre la jefatura del Estado y del Gobierno se vuelven cada vez más gruesas. Cuando el ciudadano convierte al monarca en personaje de chiste, la institución ya tiene un problema, aunque no lo reconozca.
La reunión con Jovenlandia, mientras tanto, sigue esperando. O se celebra en silencio, que es otra manera de no existir. Y la pregunta incómoda queda en el aire: si el jefe del Estado no puede reunirse con su homólogo, ¿para qué está ahí? Ni el palacio ni la opinión pública, de momento, tienen una respuesta que no sea un encogimiento de hombros.