Windows 10 Build 9926: el menú de inicio híbrido que no convence a los primeros usuarios
La build 9926 de Windows 10 llegó con un menú de inicio que intenta ser dos cosas a la vez y no es ninguna. Microsoft mezcló el menú clásico de Windows 7 con los mosaicos de Windows 8 y el resultado, según los primeros usuarios que lo han probado, es un híbrido donde «nada es ya práctico, ni uno ni otro». La queja no es menor: el menú de inicio es la puerta de entrada al sistema y, si falla, arrastra la percepción de todo lo demás. Hay quien defiende que el menú moderno es más rápido cuando se ordena bien, pero varios de los que han pasado por la preview coinciden en que la compañía ha cedido a las críticas sin resolver el fondo del problema.
Qué cambia en la build 9926 y por qué genera rechazo
El menú de inicio de esta build combina la lista de programas clásica con los mosaicos dinámicos heredados de Windows 8. En la práctica, eso significa que los elementos cambian de sitio, las opciones se duplican y el usuario tiene que reaprender dónde está cada cosa. Un participante lo resume con crudeza: «Van cambiando las cosas de sitio y han hecho un híbrido donde nada es ya práctico». La crítica no es nostálgica: es funcional. El menú de inicio es la herramienta más usada del sistema y su rediseño afecta a millones de personas que no pidieron el cambio.
Microsoft intentó contentar a los que reclamaban la vuelta del menú clásico y a los que defendían el enfoque táctil de Windows 8. El resultado es un producto que no satisface a ninguno de los dos bandos. Quienes usaban el menú moderno desde el principio de Windows 8 sin problemas ven ahora cómo su flujo de trabajo se rompe. Quienes querían el menú de siempre siguen sin tenerlo. La build 9926 es, en ese sentido, un ejercicio de equilibrismo fallido.
Los iconos nuevos: diseño plano con resultado irregular
Junto al menú, la build 9926 introdujo un rediseño de iconos que busca armonizar con la estética plana y monocromática de Metro. La ejecución, sin embargo, ha sido duramente criticada. «El figura que haya diseñado los nuevos iconos con el Paint en el XP de su abuelo es de traca», resume un usuario. Los iconos planos intentan ser minimalistas pero, según las primeras impresiones, quedan descoordinados y poco legibles. Es un problema estético que también es funcional: un icono que no se distingue a simple vista obliga al usuario a leer la etiqueta, lo que ralentiza la navegación.
La paradoja es que Microsoft lleva años buscando una identidad visual coherente. Metro fue un intento de unificar móvil, tablet y escritorio bajo un mismo lenguaje. La build 9926 hereda ese lenguaje pero lo aplica de forma desigual, con iconos que parecen sacados de un sistema operativo distinto al que acompañan. La crítica no es menor: en un sistema operativo, la coherencia visual no es un capricho, es una herramienta de usabilidad.
Cortana y la búsqueda: integración con más sombras que luces
La build 9926 también trae la integración de Cortana y una función de búsqueda renovada. Los primeros usuarios anticipan «miles de quejas». El asistente no funciona en español, lo que limita su utilidad para el público hispanohablante. Además, hay resistencia cultural a hablarle al ordenador: «No es natural hablarle a la máquina, ni con gente alrededor ni en soledad», señala un participante. La búsqueda, por su parte, se integra en la barra de tareas pero compite con el menú de inicio como punto de acceso, lo que añade confusión en lugar de resolverla.
Cortana es la apuesta de Microsoft por la interacción por voz, un terreno donde Apple y Google llevan ventaja. Pero la build 9926 la introduce de forma limitada y en un idioma que no es el de la mayoría de sus usuarios potenciales en España. La función de búsqueda, que debería ser el pegamento del sistema, se convierte en una capa más de complejidad. El resultado es que dos de las novedades estrella de la build generan más dudas que entusiasmo.
El rendimiento: la cara positiva de la build 9926
No todo son críticas. Los primeros usuarios que han instalado la build 9926 en equipos modestos reportan una mejora sustancial respecto a Windows 8.1. Un portátil con un procesador Pentium 2020M, que con 8.1 «iba a suicidar», funciona ahora sin pantallas azules ni drivers rotos. Otro usuario con un AMD FX 8120 y 8 GB de RAM reporta un consumo de memoria del 18% en reposo, con 39 procesos en segundo plano, y una instalación que ocupa unos 18 GB. Son cifras que, si se confirman, situarían a Windows 10 por debajo de Windows 7 Ultimate en consumo de recursos.
La instalación de drivers también ha mejorado. Los controladores se instalan automáticamente en la mayoría de los casos, sin necesidad de CDs ni descargas manuales. Incluso drivers no firmados, como los de un móvil Lenovo, se instalan sin problemas. Es un avance tangible para quien ha sufrido las incompatibilidades de Windows 8.1. La build 9926, en lo que respecta al núcleo del sistema, parece más sólida que su predecesora.
Los problemas que persisten: Catalyst, antivirus y control de drivers
La cara oscura del rendimiento está en los drivers de terceros. El Catalyst de AMD, el paquete de controladores de las gráficas Radeon, da problemas en la build 9926. Un usuario reporta que solo consigue instalarlo ejecutándolo desde el Explorador de Windows, no desde Chrome o Firefox. Además, el sistema se muestra «muy intrusivo» y bloquea la instalación de drivers no firmados, lo que afecta a componentes antiguos y a periféricos que no pasan por el aro de Microsoft. La compatibilidad con antivirus también es limitada: solo unos pocos funcionan y algunos consumen recursos de forma permanente.
El control de drivers no firmados es una medida de seguridad, pero en la práctica se convierte en un obstáculo para usuarios con hardware antiguo o poco común. La build 9926 es una beta y es razonable que estas restricciones se relajen en la versión final. Pero para quien la usa a diario, el equilibrio entre seguridad y flexibilidad todavía no está resuelto. La adopción masiva de Windows 10 dependerá de que Microsoft acierte en ese balance.
El contexto: Windows 7, Windows 8 y la resistencia al cambio
La discusión sobre la build 9926 no se entiende sin el rechazo que generó Windows 8. La interfaz táctil en ordenadores de sobremesa generó un rechazo masivo que Microsoft no supo gestionar. Windows 8.1 corrigió parte del rumbo, pero la herida sigue abierta. Muchos usuarios siguen anclados en Windows 7, un sistema que «nunca me ha fallado», y no ven razones para migrar. La build 9926 intenta tender un puente entre ambos mundos, pero el puente se tambalea.
Hay también un factor generacional y de hábitos. Quienes llevan años usando Windows 7 han desarrollado rutinas que el nuevo menú de inicio rompe. Quienes adoptaron Windows 8 desde el principio defienden que el menú moderno es más rápido cuando se organiza bien. La build 9926 no contenta a ninguno. Y mientras tanto, Linux sigue apareciendo en la conversación como alternativa para quien no quiere lidiar con los caprichos de Redmond, aunque su adopción en escritorio sigue siendo marginal.
La build 9926 es una beta y, como tal, está sujeta a cambios. Pero las críticas al menú de inicio y a los iconos apuntan a un problema de fondo: Microsoft no tiene claro qué quiere ser de mayor. El dato que descoloca es que, pese a todo, el sistema funciona mejor que Windows 8.1 en equipos modestos. La paradoja está servida.