La escasez de municiones en EE.UU.: cuando el imperio se queda sin pólvora
¿Cómo se queda la primera potencia militar sin munición a mitad de una guerra? Es la pregunta que Donald Trump ha puesto sobre la mesa tras el choque con su secretario de Defensa, Pete Hegseth, en Camp David. Según The Washington Post, este 6 de agosto el presidente exigió explicaciones sobre la “escasez extrema de municiones” que amenaza con limitar las opciones militares con Irán. El encuentro tuvo lugar después de que la administración se mostrara frustrada por el estado real de los arsenales.
850 Tomahawks y un arsenal al límite
El dato es demoledor: en un solo mes se han lanzado 850 misiles Tomahawk. Y ahora resulta que “no hay munición”. Hay quien recuerda que las guerras modernas se ganan con logística, no con vídeos de bombardeos en redes sociales. Cinco meses de gasto intensivo han dejado las reservas bajo mínimos.
El carrusel de culpables
Lo más llamativo es la cadena de excusas: Trump culpa a Hegseth; Hegseth, a su adjunto Feinberg; y todos, al fantasma de Biden. Los cargos intermedios pagan el pato, pero el que firma los cheques sigue siendo el mismo. El colofón llega con Ucrania: durante meses se dijo que los rusos se quedarían sin tanques, y ahora quienes se quedan sin suministros son los estadounidenses.
La crítica táctica
Parte del análisis militar apunta a un error estratégico: gastar misiles de largo alcance en objetivos que podrían alcanzarse con bombas sencilla, mucho más baratas. Los Tomahawk deberían reservarse para destruir defensas antiaéreas como los SA-10 y, una vez despejado el cielo, emplear bombas convencionales en ataques CCIP. Quemar un misil de millones en una misión menor es la fórmula perfecta para agotar el arsenal.
Así las cosas, la primera potencia mundial tiene que pedir explicaciones a sus propios generales. Mientras tanto, alguien debería reabrir la producción de pólvora. A este paso, dicen las malas lenguas, hasta México podría reclamar sus territorios. Pero eso es otra historia.