Walmart da marcha atrás con el autocobro: el 27% de clientes admite robos
La cadena estadounidense Walmart ha comenzado a retirar las máquinas de autocobro en varios de sus establecimientos, según ha trascendido en las últimas horas. La decisión, que supone un giro de 180 grados en su estrategia de digitalización, responde a unas pérdidas que se han disparado por el embeleco masivo en estos sistemas. Un sondeo interno reveló que un 27% de los compradores confiesa haber dejado de pasar productos por el escáner o haber cambiado etiquetas para pagar menos.
El problema no es técnico, es cultural
El fenómeno ha trascendido las redes sociales, donde se han vuelto virales vídeos de clientes que —con métodos tan burdos como escanear un cepillo de dientes y embolsar una nevera— se saltan el pago. La cadena de bajo coste Pepco ya había dado el mismo paso atrás por idéntico motivo. El problema no es de fallos tecnológicos: la honestidad de una parte del público simplemente no resiste la tentación de pagar menos de lo que debe.
Costes laborales vs. pérdidas por robo
Algunos análisis señalan que la ecuación económica no salía. Ahorrar en salarios de cajeros no compensaba el incremento de hurtos. Además, la instalación de sistemas de IA para vigilancia resultaba más cara que mantener personal. Como ironizaban ciertas voces, «al precio de los tokens de IA, sale más barato poner a alguien cobrando el salario mínimo». Y la experiencia de Amazon con sus tiendas sin personal —cerradas por inviables— refuerza la tesis de que la automatización total del comercio minorista tiene un límite: el factor humano.
El factor demográfico, el debate incómodo
Una corriente de opinión sostiene que el nivel socioeconómico y demográfico de la clientela de Walmart explica en parte el fenómeno. Los defensores de esta tesis apuntan que la cadena atrae a un perfil de comprador con menor renta y, en muchos barrios, a una mayoría de población afroamericana e hispana. Señalan que los robos se concentran en esos entornos y que en Alemania, donde también hay máquinas de autocobro, se colocan estratégicamente en barrios de mayor poder adquisitivo. La discusión, desde luego, es incómoda y roza la corrección política, pero los datos de pérdidas no mienten.
El futuro del autocobro: ¿marcha atrás general?
Walmart no es la única. La cadena británica Tesco ya ha limitado el uso de autocobro a clientes con pocos artículos, y en España, la fórmula de tener las máquinas «estropeadas» en según qué zonas se ha convertido en un secreto a voces. El experimento de delegar en el cliente la honestidad de su compra parece haber fracasado allí donde la confianza no estaba asegurada. Por ahora, la vuelta al cajero humano se perfila como la solución más rentable. Como resumía un comentarista: «quisieron ahorrarse millones en sueldos y han perdido millones en robos». El balance, de momento, es más que discutible.
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