Kangoo de 75 CV a 30.000 €: el adiós a la furgoneta barata
¿Quién iba a decir que una furgoneta de 75 caballos costaría casi 30.000 euros? La Renault Kangoo Combi diésel básica roza ya los 30.000 €, según la ficha de Km77.com. Y no es un caso aislado: el segmento de las furgonetas «de reparto» —las de toda la vida, sencillas y baratas— ha sufrido una inflación que deja fuera a autónomos, familias y camperizadores. El relato oficial habla de calidad y equipamiento; los números hablan de márgenes récord.
El precio de lo básico: 30.000 € por 75 CV
La Kangoo Combi diésel con 75 CV, un motor que apenas mueve el vehículo en pendientes, se vende por «casi 30.000 pavos», como denunciaba el hilo original. Para contextualizar: hace diez años una furgoneta similar costaba 8.000 € de nuevo, y hace tres años se podían encontrar Dacia Dokker nuevas por 10.000-12.000 €. Esa gama de entrada desapareció cuando Renault mató la Dokker, según se apunta, para forzar a los clientes hacia productos de mayor margen. El resultado es que lo que antes era un vehículo accesible para un albañil o un repartidor se ha convertido en un artículo casi premium.
La comparativa duele más: 26.500 € costaba en febrero de 2020 un Audi A3 1.6 TDI All-In nuevo, justo antes del confinamiento. Hoy esa misma Kangoo básica está al mismo precio. «Lo que costaba un BMW Serie 3 o un Mercedes Clase C en la década de 2000», añade otro participante. Los fabricantes han descubierto que se gana más vendiendo poco y caro que mucho y barato.
Usados por las nubes y la burbuja camper
Si el nuevo es prohibitivo, el usado debería ser la alternativa. Pero no: el mercado de furgonetas de segunda mano también se ha disparado. «La mayoría se pensaba en 2019 que la hiperinflación que venía era una broma», ironizan. Las Citroën C15 de los 80-90, que hasta hace poco se vendían por 850 €, empiezan a cotizarse como «activos prepper». Incluso la Renault Express de 55 CV, una furgoneta de los 90, se revaloriza. La burbuja del camper —impulsada por la moda de las furgonetas camperizadas— ha encarecido aún más el stock disponible.
Quien busca una furgoneta moderna de segunda mano se encuentra con que los precios no bajan de 15.000 € por modelos con 5-10 años. «Ojalá venga una marca china y se coma el mercado», escribe un participante. La alternativa low cost que suponía Dacia ha desaparecido del mapa de las furgonetas. El usuario medio se ve abocado a la compra de un turismo usado o a alargar la vida de su vieja C15.
¿Menos de 100 CV es peligroso? La vieja discusión
En el hilo se cuela la polémica recurrente sobre la potencia mínima. Un usuario asegura que «un coche de menos de 100 CV es un peligro para la conducción» y pide restringirlos en autovía. La respuesta es demoledora: «Con una Express de 55 CV estuve años sin ir más lento que el resto», «yo he hecho 1.000 km en un SEAT 127 de 47 CV con cuatro amigos». La realidad es que estas furgonetas ligeras —con 75 CV y cambio corto— cumplen de sobra para su cometido, siempre que no se pretenda correr. Incluso se apunta que una repro eléctronica puede elevar la potencia a 130 CV sin tocar la mecánica. La discusión sobre la potencia oculta una incomodidad más profunda: que pagar 30.000 € por 75 CV parece un sinsentido.
El coche nuevo vuelve a ser para minorías
Uno de los análisis más lúcidos del hilo señala que «los fabricantes han descubierto, desde la crisis del coronavirus, que ganan más dinero vendiendo poco y muy caro. El automóvil volverá a ser lo que era hasta los años 60 en España: un objeto solo para minorías». La otra pata de la explicación es que el desarrollo del coche eléctrico se está financiando con los márgenes de los de combustión, encareciendo estos últimos. Así, un vehículo sencillo se convierte en un lujo.
Las generaciones jóvenes, además, ya no tienen el coche como prioridad —prefieren cambiar de iPhone cada dos años, según el debate—, lo que reduce la presión sobre la demanda de vehículos nuevos y permite a las marcas mantener precios altos. Pero para autónomos, familias numerosas o aficionados al camping, la ecuación se ha roto. «Los coches nuevos son una puta estafa», zanja un participante.
El lector que busque una furgoneta nueva tendrá que rascarse el bolsillo más que nunca. O resignarse a la segunda mano —también carísima— o a mantener vivo un clásico como la C15. La conclusión del hilo es cruda: «No tendrás nada y serás feliz». Por ahora, la Kangoo de 75 CV a 30.000 € es el símbolo de un mercado que ha dicho adiós a la furgoneta barata. Quizá, como apuntan, «al final van a conseguir acabar con los atascos». A base de que nadie pueda permitirse un coche nuevo.
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