Vox exige eliminar la fruta extranjera de los comedores escolares en Aragón
La propuesta de Vox en las Cortes de Aragón ha reabierto el debate sobre el origen de los alimentos en los colegios. «No podemos dar peras de Sudáfrica y naranjas de Egipto», argumentan desde el partido, que plantea que toda la fruta y verdura servida en los comedores escolares aragoneses sea de producción nacional. La iniciativa, que cuenta con el rechazo del resto de grupos, se enmarca en una vieja reivindicación del sector agrícola español, que denuncia la competencia desleal de productos importados con estándares sanitarios y fitosanitarios menos restrictivos.
La letra pequeña de la propuesta
Detrás del eslogan proteccionista subyace un argumento que trasciende lo local: los agricultores españoles están sometidos a controles mucho más estrictos que los de países terceros, lo que encarece su producción y la hace menos competitiva. Los partidarios de la medida añaden que la trazabilidad de los productos extranjeros es a menudo opaca, lo que supone un riesgo para la salud de los escolares. Sin embargo, la propuesta no aclara cómo se financiaría el sobrecoste ni si se aplicaría también a otros alimentos del menú.
El flanco de la coherencia europea
La iniciativa choca frontalmente con la política comercial que los propios europarlamentarios de Vox han apoyado en Bruselas. Según consta en el Parlamento Europeo, el eurodiputado de Vox Hermann Tertsch votó a favor del acuerdo de libre comercio con Vietnam, mientras que otros dos representantes del partido se abstuvieron. Estos acuerdos facilitan precisamente la entrada de fruta y verdura del sudeste asiático en condiciones arancelarias ventajosas. La contradicción no ha pasado desapercibida para quienes señalan que el proteccionismo selectivo de Vox huele más a postureo que a convicción.
El debate se queda en tablas: mientras unos defienden el consumo local como blindaje sanitario y económico, otros recuerdan que el problema de fondo —la desigualdad regulatoria entre la producción nacional y la importada— no se resuelve prohibiendo, sino exigiendo los mismos estándares a todos. La mesa sigue servida, pero el plato fuerte sigue siendo el mismo de siempre: quién paga la diferencia.
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