¿Necesitamos una crisis económica? La tentación de la purga
Hay quien ve en una crisis la oportunidad de poner las cosas en su sitio. Otros, un mecanismo que machaca al pequeño antes que al especulador. El debate no es nuevo, pero en un contexto de inflación persistente, precios de vivienda disparados y una sensación de exceso generalizado, la pregunta sobre si "necesitamos" una crisis ha vuelto con fuerza. Los argumentos se dividen entre los que ansían una corrección que devuelva el sentido común a los mercados y los que advierten que la crisis no distingue entre culpables e inocentes.
La crisis como herramienta moral
Para un sector del análisis, la crisis es una purga necesaria. Señalan que los excesos actuales —desde precios inmobiliarios insostenibles hasta consumos financiados con deuda— requieren un reset. "Los palilleros no pueden ganar más que los ingenieros", se argumenta, incidiendo en que la crisis pondría a cada cual en su lugar. El ahorrador prudente, según esta visión, sale reforzado: puede adquirir activos a precios razonables mientras los "canis" desaparecen. Incluso se menciona que la crisis podría acabar con bancos tradicionales que imponen comisiones abusivas. Sin embargo, esta postura no esconde una cierta moralina económica: la crisis como castigo al irresponsable.
La crisis no entiende de moralidad
La réplica no se hace esperar. "Una crisis puede ser oportunidad para quien ya llega con liquidez; para el resto es destrucción de empleo y venta forzada", sostienen los críticos. El matiz es esencial: la crisis no solo fulmina al que pidió un crédito para vacaciones, también al autónomo que iba bien, al joven que ahorraba sin comprar y al trabajador prudente que pierde su empleo. "Convertir la crisis en herramienta moral es peligroso", porque los efectos no son quirúrgicos. Además, en un mundo globalizado, una caída de precios en España atraería a compradores extranjeros con mayor poder adquisitivo, como ya ocurre en zonas turísticas. Un ejemplo: un bloque de pisos en la playa mediterránea pasó de 300.000€ a 400.000€ en dos años, y sigue sin venderse por completo.
Cronología de una crisis anunciada
Entre los que dan por inevitable la crisis, hay quienes la sitúan temporalmente. Algunos cálculos apuntan a un invierno duro en 2026 y un año 2027 terrorífico, especialmente después de las elecciones. La inflación y el encarecimiento de los activos agrandan la desigualdad: los que tienen inmuebles en ubicaciones prime se benefician, mientras que el resto se resiente. "Tener activos importa", pero no todos los activos son iguales: un piso en un pueblo de interior no es lo mismo que uno en la Castellana. La famosa frase de Lloyd Blankfein sobre "unos tienen activos y otros no" resuena en el debate.
La pregunta sobre si necesitamos una crisis es, en realidad, una pregunta sobre cómo queremos que se distribuyan los costes del ajuste. Mientras unos esperan el "fuego y azufre" que limpie el sistema, otros recuerdan que las quemaduras no siempre curan. El dato que nadie acaba de explicar es por qué, después de dos crisis monumentales (2008 y 2020), los mismos desequilibrios persisten. Quizás la respuesta es que la crisis no corrige, solo reordena las fichas para que los mismos de siempre vuelvan a jugar.
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