¿Vosotros también habéis dejado de leer ciencia ficción?

Estantería de librería con la sección de ciencia ficción y fantasía donde predominan portadas de árboles y caballos sobre nav

La ciencia ficción se apaga entre lectores que ya no sueñan con el futuro​

Hay un momento exacto en que la ciencia ficción dejó de ser el género del porvenir. No fue una fecha, fue un desplazamiento: las estanterías de las librerías pasaron a rotularse «ciencia ficción y fantasía» y, al mirar las portadas, lo que aparece son árboles, caballos y bestias míticas. El metal visible se reduce a armaduras medievales. Así lo describía Orson Scott Card en un artículo ya viejo sobre la crisis del género, donde constataba que las revistas históricas —desde The Magazine of Fantasy and Science Fiction hasta la antaño dominante Isaac Asimov's Science Fiction Magazine— arrastraban tiradas sorprendentemente bajas, y que incluso Analog, bastión de la ciencia ficción dura, sufría. La pregunta que sobrevuela cualquier conversación sobre el tema no es nueva, pero ahora tiene otro tono: ¿se ha dejado de leer ciencia ficción porque ya no interesa, o porque el mundo que la hacía posible se ha desmoronado?

El futuro que prometían Asimov y Clarke no llegó​

La explicación más repetida tiene que ver con el desfase entre lo que el género prometió y lo que hay. Las novelas de los setenta y ochenta daban por hechas colonias en Marte y en la Luna, naves camino de Júpiter, coches voladores y robots sujetos a las leyes de la robótica. El balance real es más modesto: patinetes eléctricos y la certeza de una vida más dura. Ese contraste funciona como desencanto estructural. Si el futuro imaginado se parece más a una broma de mal gusto que a un horizonte deseable, el género pierde su función principal: el ensayo general del porvenir.

Scott Card ya lo apuntaba en su texto: la ciencia ficción no funcionaba como predicción —«usualmente nos equivocamos», escribía—, sino como un ejercicio de adaptación. Leer una novela del género obliga a soltar las suposiciones sobre la realidad presente y a deducir las reglas de un mundo nuevo. Ese proceso entrena al lector para los cambios que vienen. El problema es que, cuando el cambio que viene da náusea en lugar de ilusión, el entrenamiento pierde aliciente. Varios análisis del asunto apuntan en la misma dirección: imaginar el futuro ha dejado de ser divertido.

El diagnóstico de Scott Card: menos ciencia accesible y menos ideas nuevas​

El artículo de Scott Card manejaba varias hipótesis para explicar la caída. La primera: la ciencia ha avanzado hacia terrenos —submicroscópicos, teóricos, más allá del cosmos— que no se prestan a contar historias con máquinas reconocibles o criaturas geniales. La segunda: las buenas ideas ya se usaron. Las grandes historias del género ya están escritas y lo que llega son refritos: otra paradoja temporal, otro mutante perseguido, otro primer contacto. La tercera apuntaba al desplazamiento hacia la fantasía y la historia alternativa como refugio para contar cosas interesantes fuera de la realidad presente.

Hay un matiz que el propio texto dejaba caer: la única parte del mercado que parecía inmune a la caída era la ficción basada en medios, la de Star Wars y Star Trek. Y eso, paradójicamente, es lo contrario de la ciencia ficción. Porque el género, en su versión fuerte, exige lectores observadores y analíticos, capaces de notar los cambios, inducir reglas nuevas y deducir conclusiones. La franquicia, en cambio, entrega el mundo ya masticado.

La tesis que gana peso: el género se ha vuelto hostil para su lector histórico​

En el arco largo de la conversación se impone una lectura que mezcla mercado, demografía e ideología. La fantasía no desplaza a la ciencia ficción por méritos literarios, sostiene una parte del análisis, sino porque se ha apoderado de parte del territorio del romance, tradicionalmente femenino. Se ha acuñado incluso un término para ese híbrido: romantasy o fantarromance. Mientras, la ciencia ficción dura, que siempre fue un género muy masculino, ve cómo los chavales que serían sus lectores naturales se han ido a los videojuegos, las series y el manga. El consumo no desaparece: migra a formatos con menos esfuerzo y más estímulo inmediato.

A eso se suma un factor que aparece una y otra vez: la percepción de que el género ha sido capturado por una agenda. Los premios Hugo y Nebula, se argumenta, premian últimamente obras seleccionadas por criterios identitarios antes que literarios, y las últimas ganadoras son mujeres de forma consecutiva. La consecuencia, según esta corriente, es que el lector masculino mayoritario ha huido del género como de la peste. Es una tesis discutida, pero explica por qué muchas recomendaciones recientes se formulan en negativo: lo último que enganchó fue Alastair Reynolds, Peter F. Hamilton o Richard K. Morgan, y eso ya tiene veinte años.

¿Por qué la ciencia ficción interesa menos en sociedades en decadencia?​

Hay una hipótesis más estructural que las anteriores: la ciencia ficción florece en sociedades que van para arriba. Igual que engancha más cuando se es joven porque se tiene el futuro por delante, el género necesita un país que mire hacia adelante con algo parecido a la confianza. En una sociedad en decadencia, el futuro deja de ser un lugar al que apetece viajar. La contra replica que es precisamente en escenarios decadentes donde la ciencia ficción se vuelve más interesante, porque afila la crítica y la distopía. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: el género gana relevancia analítica y pierde lectores de evasión.

El resultado práctico es un lector que sigue leyendo, pero con criterio de arqueólogo. Reconoce patrones distópicos en el día a día —ventaja de un bagaje cargado de lecturas del género— y al mismo tiempo asume que casi ninguna de esas historias termina bien. No es una postura cómoda. Tampoco es exactamente nostalgia.

El terror sube mientras la ciencia ficción baja​

Uno de los datos más llamativos del intercambio es el contraste de tendencias: mientras la literatura de ciencia ficción está en retirada, la de terror parece en auge. El fenómeno se documenta en ensayos sobre el boom del terror de los ochenta, un género que hoy encuentra lectores con más facilidad que la space opera. La explicación encaja con el resto: el terror no promete un futuro mejor, solo explora lo que ya da miedo. No necesita que el lector crea en el progreso.

Queda el dato que descoloca. El artículo de Scott Card tiene ocho años y no anticipa el estrago que la inteligencia artificial iba a causar en la literatura en general. Es decir: el diagnóstico sobre la crisis del género se escribió antes de que apareciera el factor que amenaza con reventar el oficio entero, no solo un nicho. La ciencia ficción lleva décadas anunciando futuros que no llegan. El suyo propio, el de su declive, lo está cumpliendo con puntualidad.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«La ciencia ficción interesa en sociedades que van para arriba, no en sociedades en decadencia como la nuestra.»
— BigTwentyOne · contexto socioeconómico del género
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
El género murió por captura ideológica40%
El futuro ya no ilusiona a nadie35%
Migró al audiovisual y al videojuego25%
📌 DATOS
El artículo de Orson Scott Card sobre la crisis de la ciencia ficción tiene 8 años
La web aparece en 1991 y Neuromante se publicó en 1984
📅 EVOLUCIÓN
Años 50 La ciencia ficción vive su boom en Estados Unidos ligada a la carrera espacial
1984 Se publica Neuromante de William Gibson, referencia del ciberespacio antes de la web
1991 Aparece la web, un año después de que Simmons publicara Hyperion
Años 2000 Se publican Carbono alterado y Ciudad Abismo, últimas referencias que enganchan al lector veterano
2013 Panteón de Carlos Sisi gana el Premio Minotauro
Hace 8 años Orson Scott Card publica su artículo sobre la crisis del género sin anticipar el impacto de la IA
🔗 FUENTES
Wikipedia ↗
Referencia citada sobre escenarios de decadencia y ciencia ficción
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El diagnóstico de Scott Card sobre la crisis del género, escrito ocho años antes de que la IA reventara el oficio, con sus tres hipótesis sobre la caída
✓El contraste de tendencias entre ciencia ficción en retirada y terror en auge, con títulos concretos de ensayo sobre el boom del terror de los ochenta
✓La lista de autores que aún aguantan el tipo para el lector veterano y el corte temporal que marca el declive
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