Voluntarias latinoamericanas en Ucrania: de la pobreza al frente de guerra
Una ex policía colombiana muestra en TikTok su nueva vida en una trinchera ucraniana. Otra mujer, que responde al alias de «La Queen», difunde vídeos animando a otras latinoamericanas a alistarse. En los últimos meses, el flujo de voluntarias de América Latina hacia Ucrania se ha convertido en un fenómeno con perfiles y cifras que invitan a más de una reflexión.
El salario que no se encuentra en Colombia
Las ofertas parten de 500 euros al mes y llegan a 800 para quienes firman contratos más largos. En Colombia, donde el 40% de la población es pobre y el empleo femenino sigue siendo precario, esas cantidades se antojan un salvavidas. Hay testimonios que comparan la experiencia con la de integrarse en grupos armados ilegales como las FARC o el ELN, pero con un contrato militar de por medio. La necesidad gana al miedo.
¿Sirven las mujeres en la guerra moderna?
El debate está servido. Mientras algunos consideran que la experiencia de las colombianas en la selva las hace más resolutivas que muchos soldados europeos, otros insisten en que una mujer en combate genera más problemas que beneficios. Los ejemplos históricos citados no ayudan a dirimir la cuestión. Lo que sí llama la atención es que, con 75.000 mujeres en el ejército ucraniano, las imágenes del frente muestren casi en exclusiva caras latinoamericanas. ¿Dónde están las demás?
El puente aéreo Bogotá-Kiev
El fenómeno ha generado una anécdota que circula con fuerza: el puente aéreo más transitado del mundo sería hoy la ruta entre Colombia y Ucrania, según algunos podcasts especializados. Más allá de la exageración, lo cierto es que las redes de reclutamiento se han convertido en un pequeño negocio donde las propias voluntarias ejercen de captadoras. Y hay quien señala que el dinero europeo para Kiev es el que está pagando esta migración bélica.
El dato que descoloca llega al final: mientras los países europeos debaten sobre el envío de tropas, son las mujeres de un país a 9.000 kilómetros las que arriesgan sus vidas por un sueldo que no llega a los 1.000 euros. La guerra, una vez más, se cobra con moneda de cambio económico.