El nº1 del MIR 2019 elige Dermatología en La Paz
La escena se resolvió el 29 de abril de 2019 en el Ministerio de Sanidad. Le tocaba el primer turno de elección y podía quedarse con la plaza que quisiera. José Manuel Busto, gallego de Barro (Pontevedra), formado entre Caldas de Reis y la facultad de Santiago de Compostela, había firmado
101,9231 puntos en un examen de más de doscientas preguntas con solo
24 errores. Número 1 del MIR de España. Eligió
dermatología y eligió Madrid: hará la residencia en el
Hospital La Paz.
No fue una sorpresa. Busto ya había dicho que dudaba entre dermatología y pediatría y que quería salir de Galicia para formarse en una gran ciudad. Después confirmó a la prensa que estaba
«feliz», que veía la especialidad «muy dinámica y visual» y que en las prácticas se había sentido
«supercómodo». Con esa nota, todo estaba al alcance de la mano.
Qué especialidades tienen el corte más alto en el MIR
El listado de la promoción 2019 que circuló en el debate ordena las preferencias con una claridad que no necesita encuesta.
Dermatología aparece con el número de orden
801, el más bajo de la tabla. Cirugía Plástica, en el 833. Cardiología, ya en el 2.390. Pediatría, en el 3.667. Anestesia, en el 3.688. Y muy abajo, la que durante décadas fue el
médico de cabecera de media España: Medicina de Familia, la plaza que, según los participantes, acaba cubierta por quienes no alcanzan ninguna otra.
La jerarquía mide una sola cosa: cuántos aspirantes prefirieron otra antes. Dermatología no pelea contra infartos ni pasa la noche en un quirófano. Ofrece consulta, horario previsible y, según el retrato que se hace en el hilo, buena parte de sus pacientes llegan por motivos estéticos. El resumen que se repite en el debate es simple:
es la plaza que todo el mundo quiere y que muy pocos consiguen.
La salida privada, el argumento que más pesa
La lectura económica es la más repetida. Quien la sostiene calcula que un dermatólogo bien formado acaba compaginando la pública con la consulta privada, donde el acné, la cosmética y el tratamiento del envejecimiento se facturan al margen del sistema. Con esa nota y esa especialidad, viene a decirse,
la elección ha sido de vida cómoda y nómina holgada.
Detrás hay un argumento más incómodo para el sector público: el que sostiene que, durante años, los médicos competían por especialidades duras —guardias de veinticuatro horas, responsabilidad máxima— para acabar cobrando lo mismo que quien trabaja sentado en un laboratorio o en una consulta tranquila. Si el sistema paga igual el desgaste y la comodidad, el cálculo racional lleva a la comodidad. Y la
vocación se convierte en un lujo.
En paralelo aparece una queja más amplia: un participante sostiene que la gente mejor cualificada acaba buscando la estabilidad del empleo público y reclama que, si se dan facilidades para emprender, no se explote después a la empresa privada.
Por qué Pediatría ha dejado de ser la primera opción
Una versión que circula en el hilo apunta que Busto quiso ser pediatra y cambió de idea al ver la nota que había sacado. Sea cierto o no, encaja con una queja asentada entre quienes ejercen: la pediatría se ha deteriorado.
Lo describía con detalle alguien que lleva años en ella: la poca paciencia de padres, madres y abuelas, el pasotismo de muchos con sus hijos y una demanda asistencial creciente empujan a los médicos a mirar hacia otro lado, aunque les gusten los niños. Detectar problemas de desarrollo y crecimiento, añade, se vuelve difícil en ese contexto.
La investigación no compite en el MIR
La alternativa vocacional pura —investigar, buscar la cura del cáncer— tiene un precio que, según se sostiene en el debate, no admite adornos. Quien la elige, se dice, trabaja con contratos temporales, se muda de país cada dos años y cobra entre
1.500 y 2.000 euros al mes tras una década de carrera y doctorado. A los cuarenta, buena parte acaba fuera del sistema, con una formación que solo le sirve para opositar o empezar de cero. Preferir una especialidad cómoda, concluye este razonamiento, es lo más sensato del mundo.
Galicia forma al número 1 y Madrid se lo queda
El caso ilustra también un patrón territorial. Galicia forma al mejor MIR del país y lo ve marcharse: Busto hizo toda su trayectoria académica en la comunidad y hará la residencia a cientos de kilómetros. Las grandes ciudades concentran los hospitales de referencia y, con ellos, a los residentes con mejor nota.
A esto se suma la discusión sobre el reparto por género en los servicios quirúrgicos. Un participante subraya que especialidades antes masculinas, como cirugía, urología o traumatología, cuentan hoy con plantillas de residentes mayoritariamente femeninas. Otra intervención niega que el sistema educativo esté en contra de los alumnos y atribuye la diferencia de resultados a una cuestión de actitud.
El turno que revela a quién le importa la Atención Primaria
Según se sostiene en el debate, el médico de familia sufre más agresiones que ningún otro, dispone de cinco minutos para explorar, escribir la historia, pedir pruebas y recetar, y cubre pueblos distintos con el coche como segunda casa. Por eso las plazas de familia se quedan para el final, añaden: hay quien prefiere encerrarse otro año a estudiar catorce horas diarias antes que aceptar esa plaza y, según otro participante, muchas acaban ocupadas por médicos formados fuera.
No todo han sido análisis. Una parte de las reacciones derivó en descalificaciones sobre el aspecto físico y la vida privada del protagonista, incluidos comentarios homófobos, un terreno que no aporta nada al asunto y que este artículo no va a transitar.
El sistema forma al mejor expediente del país y le deja escoger primero. Él escogió, según las lecturas más repetidas del hilo, la comodidad. Dermatología cortó en el puesto 801 —siempre según el listado que circuló en el debate— y Medicina de Familia es, para los participantes, la última preferencia. No hay contradicción: es el mismo dato leído por los dos extremos.