Vito Quiles, activista de extrema derecha, aparece en una publicación de X junto a militares de la Legión que corean «A por los rojos». La escena, difundida por el periodista Fonsi Loaiza, señala un posible uso partidista de la imagen militar.
La escena dura unos segundos y no necesita más. Vito Quiles, activista de extrema derecha, aparece rodeado de militares de la Legión que corean «A por los rojos». La publicación en X la difundió el periodista Fonsi Loaiza. El grito, un lema con décadas de recorrido en la propaganda política, convierte un encuentro informal en un problema de imagen para las Fuerzas Armadas.
Un lema con historia y un uniforme que no lo admite
«A por los rojos» no es una frase neutra. Funcionó como consigna de movilización en la Guerra Civil y ha sobrevivido en círculos de extrema derecha como señal de identidad. Que lo coreen militares en activo, o al menos personas con uniforme de la Legión, cambia el marco: ya no es un exabrupto de barra de bar, es una imagen que sugiere alineamiento político dentro de una institución que tiene prohibido manifestarlo.
La Ley Orgánica 9/2011, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, limita la expresión política de los militares. No pueden participar en actos o manifestaciones de carácter político ni mostrar su ideología vistiendo el uniforme. La difusión de un vídeo así abre la puerta a una investigación interna y a sanciones disciplinarias.
Quiles, la provocación como método
Vito Quiles se ha construido un perfil público a base de confrontación en actos políticos y redes sociales. Su presencia junto a militares no es casual: busca la imagen de respaldo uniformado, un aval simbólico que en España tiene un peso histórico concreto. La Legión, fundada en 1920 por José Millán-Astray, arrastra un imaginario de dureza y españolidad que la extrema derecha ha reivindicado durante décadas.
El problema para los militares retratados es que la imagen circula sin contexto. No importa si el grito fue espontáneo o inducido. Lo que queda es un vídeo con uniforme y consigna política, material sobrado para un expediente.
El coste de mezclar cuartel y mitin
La neutralidad política de las Fuerzas Armadas es uno de los pilares del sistema constitucional desde 1978. Cualquier fisura en esa imagen tiene coste institucional. No es solo una cuestión disciplinaria: es la percepción pública de que una unidad militar puede actuar como comparsa de un activista.
Para Quiles, la escena es capital político. Para la Legión, un dolor de cabeza. Y para quien mire el vídeo sin conocer el contexto, una duda razonable sobre dónde acaba el uniforme y empieza la pancarta.