El vídeo de Gibraltar que rompió la paciencia con Visualpolitik
¿Puede una sola pieza tumbar la reputación de un canal de divulgación con millones de seguidores? Para una parte de su audiencia en español, Visualpolitik cruzó esa línea con su vídeo sobre Gibraltar. El reproche es concreto: el canal presentó al Peñón como ejemplo de economía exitosa europea, llamó a su actividad estrella «gaming» —juego— cuando el sector real es el «gambling» —juego de apuestas— y, como colofón, negó que Gibraltar sea un paraíso fiscal. Tres afirmaciones seguidas que a muchos sonaron a guion y no a análisis.
El malestar no nació ahí. Es la acumulación de años de cobertura en la que, según una parte de su público, el marco pro-occidental pesaba más que los datos. El vídeo de Gibraltar funciona como detonante: el espectador que aguantaba el sesgo dejó de aguantarlo.
La sospecha de financiación y los 125 millones del Gobierno
La crítica más dura no es la del sesgo, sino la del pago. Hay quien sostiene, sin pruebas públicas, que el canal está financiado desde fuera para difundir una línea determinada. En ese terreno entra una cifra que se repite en las críticas: los
125 millones a los medios de comunicación atribuidos al Gobierno de Pedro Sánchez. Según estos reproches, el canal habría hecho suyo ese paraguas con contenidos difíciles de sostener, como una pieza que repartía culpas de la pandemia.
Conviene separar planos. Acusar a un medio de cobrar por su línea editorial es una afirmación muy seria que exige prueba; lo que sí es verificable es el patrón de contenidos que sus críticos señalan.
Los vídeos electorales y el relato que desaparece
Uno de los episodios más citados son dos piezas sobre política estadounidense publicadas
antes de unas elecciones: «Por qué Trump puede perder las elecciones» y «Por qué Biden puede ganar las elecciones». La queja es doble: que el encuadre era descaradamente favorable a una parte y que, una vez pasados los comicios, ambos vídeos desaparecieron del canal. No hay confirmación independiente de que se retiraran por presión; lo que queda es la sensación de un relato que se recoloca según sople el viento.
A eso se suma la cobertura de la guerra de Ucrania. Buena parte de los espectadores describe un giro abiertamente pro-OTAN, pro-estadounidense y marcadamente contrario a Rusia, hasta el punto de resultar insoportable para quien buscaba divulgación y encontró militancia.
¿Es Visualpolitik un canal de propaganda? Lo que puede afirmarse y lo que no
Sostener que un canal es propaganda financiada es una acusación que, sin pruebas, no puede darse por hecha. Lo que se acumulan son indicios de línea editorial: el encuadre de Gibraltar, el tratamiento de la pócima frente al virus, la cobertura de Ucrania. Quien defiende al canal dirá que un medio tiene ideología y que eso no lo convierte en panfleto pagado; desde el otro lado se responde que el problema no es la ideología declarada, sino el
disfraz de neutralidad.
Un espectador resume la sensación con una proporción que se ha hecho popular en la crítica:
90% opinión y chismorreos, 10% hechos y 0% rectificación cuando los acontecimientos demuestran que se equivocaba. Si esa cuenta fuera cierta, el problema no sería el sesgo, sino no reconocerlo nunca.
El ecosistema de canales bajo sospecha
La conversación no se queda en Visualpolitik. En la misma lista de damnificados aparecen otros nombres de la divulgación en español, con Fernando Díaz Villanueva entre los siguientes señalados por su dependencia de fuentes poco contrastadas. El patrón que se repite es idéntico: canales que empezaron divulgando y acabaron alineados con el relato oficial de turno.
La duda de fondo es estructural. Si el sesgo pro-occidental define hoy buena parte de la divulgación geopolítica en YouTube, la pregunta no es qué canal lo hace, sino si existe alguno que no lo haga.
Qué se le reprocha exactamente al vídeo de Gibraltar
Se le reprocha, primero, equiparar un territorio con régimen fiscal opaco con una economía modélica europea. Segundo, un detalle de traducción significativo: presentar el «gaming» como actividad estrella cuando el negocio real del Peñón es el «gambling», el juego de apuestas. Y tercero, la negación de que Gibraltar sea un paraíso fiscal. Ninguna de las tres cosas es un matiz menor: juntas construyen una imagen del territorio que choca con la percepción más extendida.
El espectador que venía de años de seguimiento lo resume con una sensación:
oyle decir eso fue la señal para dejar de verlo.
Con estos mimbres, lo llamativo no es que algunos se hayan ido, sino que muchos sigan ahí. La próxima pieza sobre Gibraltar dirá si el cesto aguanta otra vez, o si esta vez se rompe del todo.