Vinted: cuando vender ropa usada se convierte en «vender el cuerpo»
Que Vinted sea uno de los mercados de ropa de segunda mano más concurridos de Europa no impide que, en ciertas esquinas de internet, se siga viendo a las mujeres como mercancía. Circula en medios digitales una consigna que resume esa mirada: «Vinted, otra forma que tienen las mujeres de vender su cuerpo». La frase se repite con suficiencia, pero el argumento se desmonta solo.
Publicar la fotografía de una prenda —da igual que sea un abrigo o un bañador— para mostrarla a un comprador potencial no es exponer el cuerpo de quien la vende, sino el producto. Quien interpreta esa imagen como una oferta sexual está confundiendo deliberadamente el escaparate con la mercancía. La confusión entre mostrar un artículo y mostrarse a una misma es vieja; plataformas como Vinted solo le han dado un escaparate nuevo.
Del piropo a la acusación: la misma mirada
Las reacciones en esa discusión digital van del comentario soez a la acusación directa. Hay quien llega a equiparar la transacción de una prenda usada con un trueque de sexo, recurriendo a la palabra «prostitución» sin asomo de ironía. Otros ni siquiera disimulan el interés por la fotografía que acompaña el anuncio. Lo que falta en toda esa barahúnda es un mínimo análisis del fenómeno económico real: el mercado de segunda mano se ha convertido en un negocio de dimensiones considerables, sostenido en gran parte por mujeres que venden lo que ya no usan.
La economía de segunda mano no entiende de prejuicios
La plataforma, como intermediaria, se limita a gestionar pagos y envíos. La vida útil de una prenda se alarga, se descentraliza el consumo y el impacto ambiental disminuye. Nada en ese proceso invita a la connotación sexual, salvo que el espectador la ponga de su parte. Que un anuncio de un bikini se lea como una invitación dice más del lector que de la anunciante.
Las posturas quedan enfrentadas. Mientras tanto, las vendedoras seguirán facturando y habrá quien siga mirando. La dignidad no está en el maniquí.