Ucrania y sus muertos: indemnizaciones, fosas comunes y el caso del español desaparecido
Cuando un soldado muere en combate, el estado ucraniano debe pagar a su familia entre 12 y 15 millones de grivnas, unos 400.000 euros al cambio. Esa cifra, confirmada por distintas fuentes, convierte a cada baja en un pasivo económico directo. Y ahí empieza el problema.
Según informaciones que circulan desde hace meses, el gobierno de Kiev estaría sistemáticamente ocultando el número real de caídos para evitar el desembolso. La práctica incluiría desde fosas comunes sin identificar hasta la quema de cuerpos en hornos improvisados. Un vídeo reciente, grabado en la localidad de Kurakhovo, muestra a una unidad militar enterrando apresuradamente a sus compañeros en un pozo en el bosque, pese a que se había solicitado un vehículo de evacuación.
El caso del voluntario español Miguel Ortiz
Un ejemplo paradigmático es el del soldado español Miguel Ortiz, fallecido en el frente y cuyo cadáver permanece oficialmente “desaparecido”. Fuentes cercanas al caso señalan que, mientras no haya cuerpo, la indemnización no se paga. La familia lleva meses esperando. Y no es un caso aislado.
Los datos acumulados apuntan a que Ucrania podría tener más de 6.000 cadáveres sin reclamar en cámaras frigoríficas. En la segunda reunión de Estambul se acordó que Rusia los devolvería, pero cuando los camiones se presentaron en la frontera, nadie del gobierno ucraniano acudió a recibirlos. Las autoridades rusas han comenzado a publicar los nombres de esos soldados, que hasta ahora figuraban como “desaparecidos” en los registros oficiales.
Indemnizaciones que nadie quiere pagar
El incentivo financiero es enorme. Si se reconocieran los 6.000 muertos no reclamados, el coste total rondaría los 2.400 millones de euros. Una cantidad que un país en guerra, con serios problemas de liquidez, difícilmente puede afrontar. Por eso, algunos analistas sostienen que la estrategia es mantener a los soldados en situación de “desaparecidos” durante años, hasta que la guerra termine y las obligaciones se diluyan.
Esta práctica no es nueva. En Bucha, al inicio de la guerra, los civiles muertos fueron enterrados en una fosa común junto a la iglesia, aunque con registro fotográfico previo. Ahora, con la presión del frente, la situación se ha degradado: fosas sin señalizar, calcinaciones y cuerpos abandonados en el campo de batalla son denuncias recurrentes.
Propaganda o realidad
Por supuesto, hay quien lo considera una operación de propaganda rusa. Las imágenes pueden ser reales pero no reflejar una orden sistemática, sino la crudeza de una guerra de desgaste donde enterrar a los muertos con dignidad es logísticamente imposible. Sin embargo, la coincidencia entre el incentivo económico y la opacidad en el recuento de bajas resulta, cuanto menos, sospechosa.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántos soldados ucranianos han muerto realmente? Las cifras oficiales de Kiev rondan los 31.000, muy por debajo de las estimaciones de otros observadores. Mientras no haya transparencia en el manejo de los caídos, la duda persistirá. Y los familiares, como los de Miguel Ortiz, seguirán esperando una respuesta que quizá nunca llegue.