El voto útil no cuadra: la derecha se divide y Sánchez respira
Repetido hasta la saciedad en el debate: dividir la derecha es la forma más barata de gobernar por la izquierda. No hace falta un pacto ni una moción de censura: basta con que PP, VOX y una tercera candidatura se repartan el mismo electorado y sumen menos escaños de los que les corresponderían por votos. Eso es lo que se discute a cuenta del salto de Alvise a la política europea y de su posible continuidad en unas generales. El escenario que se dibuja —una derecha partida en tres— deja a Pedro Sánchez donde más le conviene.
¿Por qué el voto útil no funciona igual en las elecciones europeas?
Porque en las europeas se vota en circunscripción única para todo el país y con 61 escaños en juego, no en 52 provincias. El voto que no alcanza el umbral no se queda a un paso del escaño: se pierde entero y, además, se pierde a la vez entre votantes de derecha y de izquierda. Los únicos sufragios que se tiran son la totalidad de los que se llevan los partidos que no logran representación, y ese montón no cambia el color del reparto más que en un escaño arriba o abajo.
Con esa aritmética, el manido llamamiento al voto útil se queda sin argumentos. El cálculo completo, escaño a escaño, arroja, según quienes defienden esta tesis, una diferencia bastante más modesta de la que sugiere el alarmismo. El miedo de verdad está en la otra cita, la de las generales, donde el sistema provincial multiplica el daño de cada décima perdida.
El espejo de julio de 2023: de más de 50 diputados a perder más de 20
El precedente que se cita una y otra vez. VOX llegó al año 2023 con más de 50 parlamentarios y con unas municipales en las que llegó a gobernar en pequeñas alcaldías. En las generales de julio perdió más de 20 diputados. Una de las lecturas que circula sostiene que al PP no le interesaba ganar en solitario y que, entre decir que gobernaría solo o pedir el pacto a la parte «buena» del PSOE antes que a VOX, terminó por desmovilizar a su propio electorado conservador.
Decenas de miles de votos, amplificados por la
Ley D'Hont, bastaron para que se esfumaran esos escaños.
De ahí sale el reproche más repetido: quien fragmenta la derecha no es la sigla que aparece por la derecha, sino el partido que presume de ser alternativa y luego vota al dictado de Bruselas.
El eurodiputado que no piensa pisar Bruselas
Entre los reproches al candidato hay uno que se repite: que ha venido a hacerse un hueco institucional, no a cambiar nada. Se le atribuye haber dicho que no piensa instalarse en Bruselas, y la cuenta que se echa a continuación no es casual —un sueldo de eurodiputado que en esa misma estimación ronda los
10.000 euros al mes, cuatro años de escaño y, con suerte, un par de asientos de los alrededor de 700 que tiene la Eurocámara. Cambiar la UE con dos diputados, se argumenta, es de una ingenuidad difícil de sostener.
La otra acusación que flota, esta vez de carácter judicial, es que su objetivo real sería la inmunidad parlamentaria. Como precisa un participante, ese blindaje cubre los hechos posteriores a la toma de posesión, no lo ocurrido antes, de modo que no libra de nada que sea anterior al escaño.
¿Por qué se dice que el PP vota como el PSOE en Europa?
Porque es el argumento que más daño hace al voto útil. La acusación que circula sostiene que en el Parlamento Europeo el PP respalda lo mismo que el PSOE en cerca del
90% de las votaciones, y que la verdadera función del partido es normalizar y consolidar las políticas que aprueba la izquierda. La formulación es dura, pero el resumen que se hace es simple: el PSOE inventa y el PP impone.
Si eso se acepta, la conclusión es que da igual quién gane. Y ahí es donde el votante conservador deja de creer en el llamamiento al voto útil y empieza a mirar candidaturas que, al menos, le griten a Bruselas lo que no le grita su partido.
Qué dicen las encuestas y por qué nadie se fía
Las encuestas citadas sitúan a Alvise como tercera o cuarta fuerza en Europa, con más de
1.200.000 votos y hasta cinco eurodiputados. Los actos, como el de Málaga, con miles de personas fuera de la plaza mayor, se usan como prueba de que hay algo más que ruido digital.
El contraargumento no es menos sólido: buena parte del electorado del PP no sabe quién es, y el trasvase real sería sobre todo desde la abstención y desde VOX. En el debate se da por probable que en las europeas obtenga escaño; la duda es si ese capital aguanta cuando la papeleta se juega en circunscripciones pequeñas y el voto se convierte en una decisión de gobierno.
Si la fragmentación se mantiene, la derecha puede volver a sumar más votos que escaños, y ese diferencial tiene un nombre y un beneficiario. Nadie ha demostrado aún que tres siglas sumen más que dos, y menos en un país donde el reparto provincial castiga el ruido. La incógnita es si el trasvase que hoy se mide en intención de voto aguanta una campaña de verdad.