El negocio infinito del remix: cuando el clásico se vuelve dance
¿Cuántas veces puede morir un clásico antes de convertirse en un éxito de discoteca? La respuesta, a juzgar por lo que circula, es: tantas como aguante el mercado. Un catálogo de versiones dance y eurodance de temas que van de Bryan Adams a Bonnie Tyler demuestra que la nostalgia ochentera y noventera es una mina que no se agota. El patrón se repite: se toma un tema reconocible, se le mete un ritmo de cuatro por cuatro y se lanza a las pistas. Lo que en teoría era un experimento de pinche de discoteca se ha convertido en una industria paralela.
De DJ Sammy a Kate Ryan: los nombres que dominan el género
El punto de partida es una versión de
Heaven de Bryan Adams firmada por DJ Sammy, que marca el estilo de toda una compilación. A partir de ahí, el rastro se multiplica: el mismo DJ Sammy versiona
Boys of Summer de Don Henley, y aparecen remezclas de
Moonlight Shadow de Mike Oldfield en versiones de DJ Mystik y Missing Heart. El patrón no es casual. Hay temas que funcionan mejor que otros al ser traducidos al idioma del bombo.
La figura de Kate Ryan emerge con fuerza. Se la describe como
la reina de los covers, con versiones de Mylène Farmer (
Libertine), France Gall (
Ella Elle L'a), Desireless (
Voyage Voyage) y Cock Robin (
The Promise You Made). Es decir, un mismo rostro para media docena de clásicos europeos. El negocio del remix no requiere un artista nuevo: requiere un catálogo viejo y una voz que lo interprete con acento actual.
¿Por qué funciona el remix dance de temas clásicos?
La mecánica es sencilla y por eso funciona. El oyente reconoce la melodía, lo que reduce el riesgo de rechazo. El ritmo dance garantiza la funcionalidad en pista. Y el precio de la licencia de un tema ya conocido suele ser menor que el de producir un éxito desde cero. El resultado es un producto de bajo riesgo y retorno rápido.
El catálogo de ejemplos es abrumador.
Against All Odds de Phil Collins aparece en versión de Deja Vu con Tasmin y en una mezcla euro radio de Kira.
Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler tiene cover metal y techno.
Higher Love de Steve Winwood recibe un remix de Safri Duo.
Let's Dance de David Bowie pasa por las manos de The Penelopes.
Feels Like Heaven de Fiction Factory se cruza con Camino.
You Spin Me Round de Dead or Alive se convierte en techno con Gigi D'Agostino.
(I Just) Died In Your Arms de Cutting Crew pasa por Komodo.
Don't Cry Tonight de Savage recibe un remix de John.E.S.
Forever Young de Alphaville tiene su dance remix.
Bette Davis Eyes aparece en versión de Milk Inc.
Right Here Waiting de Richard Marx tiene su techno remix. La lista no se detiene.
El filón de los recopilatorios: Replay Dance Mania
Los recopilatorios
Replay Dance Mania se señalan como una mina. De ahí salen versiones como
Words 2002,
The Best o
Hard to Say I'm Sorry. El formato recopilatorio es clave: agrupa el producto, lo etiqueta y lo vende como paquete. No hace falta que el oyente conozca al artista; le basta con reconocer la canción.
El fenómeno no se limita al dance europeo.
We Built This City de Starship tiene versión de Djs 4 Life.
Rebel Rebel de David Bowie pasa por A Kay BJ.
Sleeping In My Car tiene su versión de A Kay BJ.
I Would Die 4 U tiene extended club mix.
Little Red Corvette de Prince pasa por The Quilz.
People Have the Power de Patti Smith se versiona por Bliss Team.
Because the Night aparece en versión de Co.Ro. con Taleesa.
The Sun Always Shines On Tv de A-ha tiene versión de Milk Inc.
Blue Savannah tiene versión de Moon's Girl.
La nostalgia como modelo de negocio
El negocio del remix dance se sostiene sobre una paradoja: cuanto más viejo el tema, más barato el recuerdo y más amplio el público. La generación que creció con esos clásicos ahora tiene capacidad de gasto y ganas de revivir. La que no los conoció los descubre en versión bailable. El resultado es un doble mercado.
Hay quien sostiene que este tipo de versiones son un producto menor, un refrito sin alma. En contra pesa el argumento de que la
música popular siempre ha funcionado así: se versiona, se adapta, se recicla. Lo que cambia es la velocidad y la industrialización del proceso. Antes era un artista el que versionaba; ahora es un sello el que busca el próximo clásico que aguante el bombo.
El catálogo es tan amplio que cuesta encontrar un clásico que no haya pasado por la trituradora dance.
Torn tiene su dance mix.
My Heart Will Go On de Celine Dion tiene club remix.
Fotonovela tiene versión 2004.
Maniac tiene A.R. Remix.
Tainted Love tiene su remix. La lista sigue.
La pregunta no es si el fenómeno es bueno o malo. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse. Mientras haya un clásico sin versionar y una pista que lo pida, habrá alguien dispuesto a hacerlo. El negocio del remix dance no tiene fondo conocido.