Incendio en Ávila: la culpa la tienen los ganaderos, como siempre
¿Quién paga el pato cuando arden 50.000 hectáreas? Pues el eslabón más débil: los ganaderos. Según la versión oficial, una excavadora contratada por ellos y operando en días prohibidos provocó el incendio que arrasó Ávila. Pero basta rascar un poco para que el relato se desmorone.
Medios aéreos y terrestres: un despropósito calculado
Mientras el fuego devoraba monte, los hidroaviones que debían atacarlo estaban en Portugal, vendidos como «obsoletos». Los helicópteros Kamov rusos, los más efectivos según quienes los han pilotado, llevaban meses parados por las sanciones de la UE. No es falta de medios, es decisión política. Y cuando por fin llegaron, ya era tarde.
La pregunta que nadie responde es: ¿cuánto tardaron en llegar los primeros efectivos? En el hilo se apunta que el 112 tardó más de la cuenta, y que los medios terrestres no aparecieron hasta pasados 15-20 minutos del aviso. Un retraso que en un conato marca la diferencia entre sofocarlo o verlo crecer.
Burocracia que quema: el laberinto de las autorizaciones
Los ganaderos necesitan permisos para desbrozar, pero las ventanas legales son estrechas: en invierno el terreno es impracticable, en primavera las restricciones por nidificación aprietan, y en verano las prohibiciones por riesgo de incendios son absolutas. El resultado: solo queda un puñado de días al año para trabajar, y si no encajan, toca hacerlo «en B» o asumir multas. Un sistema que invita a la ilegalidad y luego castiga a quien la practica.
El mismo patrón: buscar chivo expiatorio
No es la primera vez que ocurre. En el incendio de Guadalajara de 2005, la responsabilidad recayó sobre unos excursionistas. En 2012, en la Gomera, sobre un cazador. Siempre un «paleto de pueblo», nunca un gestor. Aquí el guion se repite: la Junta de Castilla y León y el Gobierno central se lavan las manos, señalan al ganadero que contrató la máquina, y el circo político sigue.
Lo llamativo es que, según fuentes consultadas, el foco inicial estaba en una zona con escasa vegetación —casi árida— y, sin embargo, el incendio se propagó con una rapidez anómala. Varios testigos apuntan a que hubo múltiples focos simultáneos, lo que sugiere intencionalidad. Pero esa línea de investigación no interesa.
El coste de echar balones fuera
Mientras tanto, la UME sigue sin actuar con la celeridad que se le presupone, los bomberos forestales denuncian falta de efectivos —se habla de 60 en huelga— y la maquinaria pesada para hacer cortafuegos se acumula en los parques. Pero claro, pedir cuentas a los políticos sería tan utópico como esperar que dimitan. La culpa, como siempre, es del que trabaja el campo. Qué sorpresa.
Así que el ganadero paga los platos rotos con una investigación que apunta a irregularidades administrativas (trabajo sin factura, maquinaria en día no autorizado), mientras que los responsables de la planificación forestal, la compra de medios aéreos y la coordinación de emergencias siguen tan campantes. Al final, el fuego se apaga, la multa se impone, y el año que viene arde otro monte. Como en la canción.