Los asentamientos del litoral: cuando la tienda de 25 euros es hogar
En un parque que conduce a la Barceloneta, una tienda de campaña comprada en el Lidl por 25 euros resume el estado de una ciudad donde el alquiler se ha comido media nómina. El apodo “Vátercelona” ha dejado de ser una provocación para convertirse en diagnóstico. El asunto ya no se limita a los márgenes: hay personas durmiendo en pleno Sarrià-Sant Gervasi y en Pedralbes, y la pregunta es qué ciudad queda cuando el suelo vale más que quien lo habita.
El mapa del sinhogarismo ya no distingue barrios
Los campamentos junto al mar son solo la punta visible. Portales, cajas de cartón, bancos y plazas completan el paisaje por toda Barcelona. La comparación con Madrid tampoco consuela: a abril se documentaban decenas de personas durmiendo en el suelo en Salamanca y Chamberí, algo que no se veía desde los años ochenta.
La aritmética imposible del alquiler
Un salario de 1.400 euros, una habitación compartida por 400 y una tienda por 25. Para una parte de la población, la acampada no es una elección, es la última opción después de los requisitos de los arrendadores y los precios que aparecen en Idealista. Las posturas chocan: hay quien sostiene que muchos acampados no buscan empleo, y quien responde que huyen de países donde la seguridad es un lujo o donde las remesas —como en el caso de un hombre de Filipinas que vivía en la calle para mantener a sus hijos— sostienen a familias enteras.
Un precedente incómodo en Can Tunis
La zona de Montjuïc ya acogió un asentamiento de trabajadores, en su mayoría andaluces, que ocupaba Can Tunis hasta el polvorín, con hipódromo y aeródromo. La memoria no resuelve el presente, pero sitúa la crisis en perspectiva: Barcelona ha vivido antes de espaldas a los barrios que no salían en la postal. La ciudad postolímpica vendió otra imagen, y el turismo de masas acabó por reventar el modelo.
¿Puede una ciudad que compite por el turista premium normalizar decenas de tiendas de campaña en sus parques? Madrid ya ha visto su propio aviso. Barcelona, por ahora, sigue mirando al litoral.