Londres se llena de grúas mientras la City atrae capital americano
Reino Unido está en obras. No es una forma de hablar: el país afronta un ciclo de
inversión en infraestructuras que, según el diagnóstico que circula entre inversores, va a reconfigurar el mapa económico británico durante décadas. La tesis es que el Brexit, lejos de aislar al país, le ha permitido colocarse en el momento justo para captar el capital que busca refugio fuera de la órbita regulatoria europea. Los grandes bancos de inversión estadounidenses están moviendo sus cuarteles generales a Londres y eso, para algunos, es la señal que anticipa un rerating del mercado.
JP Morgan y Blackstone están construyendo sedes en el centro de Mayfair, un movimiento que se interpreta como una apuesta de largo plazo por la city londinense. A eso se suman proyectos de infraestructura de gran escala: la ampliación de Heathrow, la remodelación del Thames Barrier y la
construcción de nuevas barreras fluviales aguas abajo del Támesis.
Setenta mil millones de libras es la cifra que se maneja para la nueva Thames Barrier, un dato que da la medida del volumen de obra pública que viene.
Qué sectores miran los que rotan cartera hacia Reino Unido
La construcción aparece como el sector prioritario en la mayoría de las carteras que se están rotando hacia el mercado británico. No solo las grandes constructoras: también los satélites del sector, empresas auxiliares que han sobrevivido a una criba feroz y que ahora se encuentran con menos competencia y más obra.
Victoria Plc es el nombre que se repite como ejemplo de compañía que ha resistido el ciclo y que ahora cotiza barata. El argumento es que en sectores cíclicos, comprar cuando el ciclo está bajo y la competencia se ha debilitado permite triplicar la inversión con el tiempo.
El consumo es la otra pata.
Bunzl, Diageo y Currys aparecen en carteras con una exposición del 22% al mercado británico. La duda que sobrevuela es cómo se comporta el consumo con una inflación sostenida y qué pasa con compañías como Diageo, que presenta resultados en un entorno de tipos altos. La respuesta de los más experimentados es que en bolsa hay que ir valorando una a una, sin hacer apuestas sectoriales amplias.
El ladrillo y los activos duros: casas, no pisos
La vivienda aparece como otro de los vectores de inversión, con un matiz importante:
casas, nunca pisos. La distinción no es baladí. El mercado residencial británico tiene una dinámica distinta a la española, con una demanda estructural de vivienda unifamiliar que no se ve afectada por los mismos factores que el mercado de apartamentos. Los activos duros, en un contexto de inflación persistente, funcionan como refugio.
El tabaco, los licores y el juego completan el menú de los que buscan dividendos británicos. La ventaja fiscal es evidente: los dividendos del Reino Unido están libres de impuestos para el inversor español, lo que los hace especialmente nutritivos.
National Grid aparece como una de las compañías que se están sobrevolando, aunque sin posición clara todavía.
El escepticismo: un país en decadencia con señoritos en la City
No todos compran el relato. Hay una corriente que sostiene que Reino Unido es un país en decadencia absoluta, con una economía de servicios financieros que exprime al resto del país mientras la industria y el tejido productivo se descomponen. La descripción de las Midlands que hace uno de los participantes es demoledora: un paisaje de salones de belleza, casas de apuestas y operaciones de traslado internacional de capital, sin atisbo de esperanza. La pregunta que lanza es cuánta leche le queda al país antes de que el sistema se agote.
El argumento contrario es que los ingleses siempre han sido listos y que se salieron de Europa en el momento oportuno. La libra fuerte, la capacidad de atraer capital americano y la desregulación les permiten competir en un terreno donde Europa va con lastre. La discusión sobre si eso es prosperidad real o simple ingeniería financiera queda abierta.
El punto donde el análisis se atasca
La rotación hacia Reino Unido tiene una lógica clara: infraestructura, construcción, consumo y activos duros. Pero el calendario es incierto. Las obras están en marcha, los americanos están llegando y el dinero empieza a moverse. Lo que no está claro es cuánto tarda eso en reflejarse en los beneficios de las empresas cotizadas y si el inversor particular tiene paciencia suficiente para esperar el retroceso que siempre llega después del primer tramo. Ahí se acaba el consenso.