¿Marcar la X de la Iglesia o no? El callejón sin salida del IRPF
La casilla 105 de la declaración de la renta, la de la Iglesia Católica, lleva años generando un debate que trasciende lo religioso. No se trata de fe, sino de a quién prefiere uno financiar con el 0,7% de su cuota íntegra: a la Conferencia Episcopal, a las ONG de fines sociales, a ambas o a ninguna. Y el callejón tiene tres salidas, todas con nombre y apellidos.
Un contribuyente que durante veinte años marcó la X de Asuntos Sociales decidió en 2019 cambiarla por la de la Iglesia. Su razón: que el dinero para fines sociales se destina, según él, a iniciativas que rechaza explícitamente –chiringuitos trans, operaciones de afirmación de género, subvenciones a asociaciones feministas– y no a los fines tradicionales como residencias de ancianos o niños con enfermedades raras. No es un caso aislado. Cada campaña de la renta resucita las mismas preguntas: ¿qué hace la Iglesia con el dinero? ¿Y las ONG? ¿Hay manera de esquivar el sistema?
El mecanismo: cuatro opciones, todas imperfectas
El sistema es sencillo sobre el papel. En la declaración del IRPF, el contribuyente puede marcar la casilla de la Iglesia Católica, la de fines sociales (que gestionan ONG y organizaciones no gubernamentales), ambas o ninguna. Si se marcan ambas, el porcentaje se reparte al 50% entre las dos opciones. Si no se marca ninguna, el Estado asigna el porcentaje a los fines sociales por defecto. La coletilla publicitaria de que “marcar la X no te costará nada” es, técnicamente, cierta: no incrementa la cuota a pagar, pero sí redistribuye el destino del dinero, lo que, en la práctica, resta recursos al otro destinatario.
El argumento de que “lo que va a la Iglesia se retira del resto” es el núcleo del malestar. Porque sí: si marca la Iglesia, los 250 millones de euros anuales que recauda la Conferencia Episcopal salen de la bolsa común, y ese dinero deja de ir a programas sociales. Como dice uno de los participantes, “me costará que haya menos camas en los hospitales, más alumnos por profesor, más baches en las carreteras”. Es la versión fiscal de un juego de suma cero.
Iglesia vs ONGs: la desconfianza es mutua
La sorpresa del debate es que la desconfianza es transversal. Hay quien no marca la Iglesia porque la considera un “estado soberano muy rico” que no paga IBI y tiene un patrimonio inmenso; otros no marcan las ONG porque creen que se han convertido en “ONG wokes” que financian el “reemplazo demográfico” o la inmigración masiva. Incluso católicos practicantes han dejado de marcar la X eclesiástica al enterarse de que parte de esos fondos se destinan a ayudas a musulmanes.
La percepción es que ambas opciones pierden el rumbo original. Caritas, la rama asistencial de la Iglesia, es criticada por centrarse en el extranjero y descuidar a los pobres locales. Las ONG grandes, como MSF o Cruz Roja, son acusadas de tener altos cargos bien pagados y agendas políticas. En palabras de un participante, “cualquiera de las tres opciones es una puta mierda”.
El dato que descoloca: el récord de recaudación de la Iglesia
Año tras año, la Iglesia Católica bate récords de recaudación por la asignación tributaria. Según los datos de la Conferencia Episcopal, en 2022 se alcanzaron los 275 millones de euros, una cifra que supera en un 2,5% la del año anterior. La paradoja es que el descrédito de las ONG no beneficia a la Iglesia de forma clara: muchos contribuyentes, hartos de ambas, optan por no marcar ninguna casilla, dejando la decisión en manos del Estado. Pero la opción de “no marcar” tampoco satisface a nadie, porque el dinero sigue yendo a fines sociales por defecto.
El debate revela una fractura más profunda: la desconfianza en la gestión pública y en las grandes instituciones intermediadoras. Entre el cura que reparte comida en la parroquia y el directivo de una ONG que cobra 80.000 euros, el contribuyente opta por el círculo más cercano. Pero el sistema no permite esa granularidad: la decisión es binaria, o ternaria, y siempre con intermediarios. La pregunta del millón, que nadie responde, es si existiría una casilla de “contigo mismo” si se pudiera elegir.
[HIGH-LIGHT]El cálculo completo, desglosado partida a partida, muestra que la diferencia entre marcar una casilla u otra puede suponer hasta 0,7% de la cuota redistribuida, pero el impacto real es político, no económico. Es la sensación de que el dinero se escapa hacia fines que uno no controla. Y en eso, el contribuyente tiene razón.[/HIGH-LIGHT]