Bruselas declara la guerra al dinero 'perezoso' que duerme en las cuentas
¿Y si el problema no fuera que los europeos no invierten, sino que alguien quiere decidir por ellos dónde hacerlo? La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa la Unión de Ahorro e Inversión, una iniciativa con la que Ursula von der Leyen pretende movilizar aproximadamente 10 billones de euros que hoy permanecen en depósitos bancarios. La presidenta del Ejecutivo comunitario ha llegado a calificar de “perezoso” ese ahorro y quiere que fluya hacia las empresas europeas. En España, la propuesta ha abierto otro frente de sospecha.
Una factura anual de 750.000 millones
La razón oficial de la prisa es conocida: Europa necesita entre 750.000 y 800.000 millones de euros cada año para no quedarse atrás en competitividad. La fórmula elegida pasa por convertir el ahorro privado en “la tan necesaria inversión” y hacerlo con “socios institucionales”. Las comillas no son un adorno: a muchos ahorradores les suenan a eufemismo de algo menos voluntario. El economista Juan Ramón Rallo coincide en el diagnóstico, aunque con remedio distinto: si la regulación, la doble retención de dividendos y la baja rentabilidad convierten a Europa en un destino poco atractivo, la solución no es vigilar el dinero de los contribuyentes, sino dejar de penalizar la inversión.
Euro digital y corralito: la sospecha que no se apaga
La iniciativa se presenta oficialmente este mismo mes, pero la sombra que la acompaña es la del euro digital. Christine Lagarde ya ha defendido instrumentos que permitan supervisar los flujos. Para una parte de la opinión, la secuencia es clara: primero se llama “problema” a las cuentas corrientes, luego se lanza un producto digital controlado, y después cualquier restricción de liquidez deja de ser noticia. En las últimas horas ha circulado la tesis de que una norma ya aprobada permitiría aplicar un “corralito” en enero de 2027, una afirmación sin confirmación oficial que conviene tratar como un rumor en un entorno de máxima desconfianza. Lo que sí existe es la directiva de resolución bancaria, en vigor desde 2014, que permite usar los depósitos de más de 100.000 euros para rescatar entidades en quiebra. Chipre, en marzo de 2013, hizo un ensayo general: un 6,75% de mordida para los depósitos inferiores a 100.000 y un 9,9% para los superiores.
La respuesta del ahorrador español: desconfianza y preguntas
Entre las reacciones destaca una división interesante. Hay quien aceptaría mover su dinero si el plan eliminara la doble retención de dividendos y garantizara una rentabilidad mínima del 5% anual. La corriente dominante es otra: la de quien prefiere el colchón líquido antes que entregárselo a una industria que considera incapaz de competir sin protecciones estatales. Esa desconfianza tiene una explicación sencilla: si los bancos ya prestan el dinero de los depositantes y encima la economía europea pierde fuelle, la pregunta inevitable es si el “ahorro” que ahora piden no acabará convertido en deuda de la que nadie pueda huir.
La ironía del asunto es fina. Europa lleva una década pidiendo a sus ciudadanos que ahorren para su jubilación, porque el Estado no puede sostenerlos. Ahora les explica que han ahorrado demasiado bien y que deben poner ese dinero “al servicio de las empresas”. Si no fuera porque va en serio, hasta podría parecer un chiste.