La frecuencia Volga 149.200 y el mito de la rendición en masa ucraniana
«Las tropas ucranianas se están rindiendo en masa». La frase llegó con mayúsculas y con un nombre propio, el del periodista estadounidense Clayton Morris, y desde entonces nadie ha puesto una cifra capaz de sostenerla. Rendiciones hay. Masivas, no consta. Entre esos dos extremos se ha construido un relato que mezcla una frecuencia de radio real, vídeos de grupos pequeños y una guerra en la que ambos bandos tienen motivos sobrados para inflar sus partes.
Qué decía exactamente el mensaje sobre la rendición masiva
El texto original aseguraba que miles de soldados ucranianos estaban optando por entregarse al Ejército ruso y que se había habilitado una frecuencia de radio especial para que pudieran hacerlo sin riesgo. Añadía dos elementos de guion: que Zelensky preparase la huida y que los medios occidentales estuvieran ocultando deliberadamente la escena. La pieza se atribuyó a Clayton Morris, que se mostraba sorprendido de que «esta historia» no apareciera en la prensa de su país.
Ese envoltorio —urgencia, exclusiva silenciada, huida inminente del líder— es el que conviene mirar con lupa. No porque el fondo sea imposible, sino porque la forma es la de un mensaje diseñado para viajar rápido y verificarse despacio.
Urgente, en según qué canales, significa poco más que publicado.
La frecuencia Volga 149.200: qué se ha documentado de verdad
El elemento más sólido del asunto tiene nombre y número: la frecuencia Volga 149.200. Hay material grabado que describe la operativa de rendición paso a paso, con la citada frecuencia como eje, y hay quien sostiene que el episodio aparece desarrollado en un vídeo de largo formato en torno al minuto 34:18. Se han difundido además imágenes de pintadas en muros con el canal de contacto anotado a mano.
Ahí acaba la parte comprobable. Que exista un canal para rendirse no equivale a que lo usen miles de personas: solo demuestra que alguien ha decidido ofrecer la puerta. La confusión entre la puerta y el número de los que la cruzan es, precisamente, el hueso del asunto.
Muchos, sí; en masa, no: la objeción que atraviesa todo el asunto
La crítica más repetida no niega las rendiciones: niega el adverbio. Se han rendido muchos, pero no se están rindiendo en masa, y la distancia entre ambas cosas es enorme. Las imágenes disponibles muestran grupos pequeños, no columnas. La suma de muchos pocos puede acabar siendo un mucho, pero nadie ha enseñado el acumulado.
Hay incluso una lectura más incómoda para el mensaje inicial: que el propio tuit difundido contiene elementos que lo desmienten, y que buena parte de quienes lo amplificaron no pasaron del titular. Si eso es cierto, el problema no es la propaganda enemiga, sino la prisa propia.
El reclutamiento forzoso como motor de las rendiciones
La explicación que más consenso despierta no tiene que ver con la geopolítica, sino con la aritmética del individuo. Un hombre movilizado contra su voluntad, sin instrucción y sin ganas, tiene una disyuntiva muy sencilla: un campo con cama y comida hasta que acabe la guerra, o un otoño y un invierno en una trinchera esperando al dron o al pepinazo de artillería. La elección no requiere un máster.
De ahí que varios participantes sitúen el goteo de entregas en el desgaste y no en la convicción. El frente se mantiene estable, pero la rotación de tropas es constante por las bajas, y a cada trinchera llega gente nueva sin ninguna razón personal para estar allí. La rendición, en ese contexto, deja de ser una traición y pasa a ser una decisión racional.
La línea fortificada que no cayó y el coste acumulado
Una parte del análisis pone el foco en el terreno. Durante todo un invierno Rusia habría levantado un conjunto de fortificaciones y líneas defensivas modernas —no una muralla al uso— contra la que se lanzaron ataques en oleadas. El balance que se maneja en esas conversaciones habla de unos 70.000 soldados ucranianos muertos y de una línea que apenas se ha resentido.
Conviene tratar esa cifra como lo que es: un número atribuido a una parte interesada, no una estadística auditada. Con esas pérdidas encima de la mesa, que un soldado destinado a esa misión busque la forma de entregarse deja de ser sorprendente. Lo raro sería lo contrario. Aun así, el dato no permite hablar de rendición masiva: describe desgaste, que no es lo mismo.
Por qué ninguna cifra de rendiciones ucranianas es verificable
Aquí llega el muro de siempre. De este conflicto no se puede uno fiar de ninguna noticia que venga de allí: ambos bandos mienten y no hay manera de saber, salvo de forma aproximada, cómo va la guerra sobre el terreno. Quien afirme un número exacto de entregas está vendiendo algo que no puede demostrar.
Eso deja el asunto en un terreno incómodo para todos los relatos. Los que anuncian el derrumbe ucraniano llevan anunciándolo desde el primer día. Los que lo niegan con la misma vehemencia también tienen un interés. Y la única fuente que no miente es la ausencia de fuente: no hay registro independiente.
Con este panorama, cualquier pronóstico hay que firmarlo con reservas. Si el desgaste continúa y la rotación de tropas se mantiene, el goteo de entregas tiene todo el sentido que apunte a más, no a menos. Lo que probablemente siga sin llegar es el adjetivo: lo de
masivo suena a titular buscado, no a dato medido.