La DGT recula y permite los triángulos tras el fiasco de la baliza V16
Un conductor pregunta a Pere Navarro si puede seguir usando los triángulos de emergencia. La respuesta del director general de Tráfico, según recoge
El Debate, es un «allá tú» que resume el desaguisado. Horas antes, la DGT había anunciado oficialmente que daba marcha atrás y permitía el uso de los triángulos, después de meses presentando la baliza V16 como el único dispositivo homologado. El giro llega con las balizas ya compradas, con las cajas en los maleteros y con un reguero de conductores preguntándose si acaban de tirar el dinero.
Qué ha pasado con la baliza V16 y los triángulos
La secuencia es de manual. Primero se comunica que los triángulos quedan fuera y que la baliza luminosa conectada pasa a ser obligatoria. Después, que la baliza cuesta unos
40 euros y que solo valen las homologadas. Más tarde, que la DGT fija el precio del dispositivo y el anuncio desata críticas políticas en plena campaña. Y al final, la marcha atrás: los triángulos rojos siguen siendo legales.
El problema es que la película ya se había rodado. Miles de dispositivos vendidos, con el consiguiente cabreo de quien los compró por obligación y no por gusto. La sensación dominante es que el objetivo nunca fue la seguridad, sino colocar un producto homologado por los amigos. «Solo querían quitarnos la pasta. Se la suda la baliza o los triángulos», resume una de las intervenciones más repetidas.
Cuánto cuesta la baliza V16 y quién paga el error
El precio es el dato que más ha circulado:
40 euros por unidad, y solo sirven las homologadas. Ahí está el negocio, y ahí está la trampa. Porque si la homologación se concede y se retira a conveniencia, el comprador se queda con un trasto que puede dejar de valer en cualquier momento. La pregunta que sobrevuela el asunto es sencilla: ¿quién devuelve el dinero a quien ya la ha pagado?
Hay quien sostiene que la baliza solo es realmente útil de noche, y que de día no se ve gran cosa. Otros apuntan que en una curva cerrada o en una rasante tampoco resuelve demasiado. Frente a eso, el argumento oficial: menos atropellos al bajar del coche. El detalle incómodo es que, según lo declarado por el propio responsable de Tráfico en una entrevista, no hay datos que permitan saber si los fallecidos por atropello en carretera se produjeron por colocar triángulos.
Por qué la DGT cambia de criterio ahora
El calendario importa. La rectificación llega en plena campaña y con el
Partido Popular cargando contra la medida. La baliza V16 se ha convertido en un asunto político de primer orden, y eso explica la velocidad del giro. También explica el desconcierto: si el dispositivo era tan peligroso como para prohibir los triángulos, ¿por qué ahora se autorizan otra vez?
La respuesta más repetida entre los conductores es que nunca hubo un problema real de seguridad, sino un problema de negocio. La sospecha de que detrás hay comisiones, testaferros y adjudicaciones dirigidas circula sin prueba alguna, pero circula con fuerza. Lo que sí es verificable es el resultado: dos dispositivos válidos, confusión normativa y un coste que ya han asumido los conductores más cumplidores.
Qué pasa si ya has comprado la baliza
Nada. La baliza sigue siendo legal, y los triángulos también. Es decir, el conductor puede llevar las dos cosas y no se libra de ninguna. Esa es la paradoja que más ha irritado: la marcha atrás no elimina la compra, solo añade alternativas. Quien no la haya comprado puede seguir con los triángulos de toda la vida. Quien la compró, se queda con ella.
Queda la duda de si la Inspección Técnica de Vehículos acabará pidiendo el dispositivo. Nadie lo confirma, y el propio responsable de Tráfico ha reconocido que no sabe si todos los atropellos mortales tuvieron relación con los triángulos. Con ese nivel de rigor, cualquier escenario es posible.
El dato que descoloca no es la rectificación. Es que la norma se cambió, se comunicó, se vendió y se reculó sin que nadie haya explicado todavía cuántos de los
25 atropellos mortales al año que se citaron como justificación tenían algo que ver con los triángulos.