El general Francisco Franco se ha convertido en 'trending topic' en Twitter Estados Unidos. El comentarista conservador Ben Shapiro ha sido señalado como uno de los detonantes al calificar de 'antiamericano' el ser franquista, una afirmación que ha encendido la conversación en ambos lados del Atlántico. Más allá del ruido, la discusión ha rescatado un viejo combate: el del balance económico de la dictadura.
El extraño renacer de Franco en la conversación estadounidense
Lo primero que llama la atención es la cantidad de estadounidenses que reaccionan con simpatía hacia la figura del dictador. Se repite el argumento de que 'Franco daba trabajo y prosperidad, no paguitas', una visión que choca frontalmente con la lectura que hacen otros: la economía dirigida desde el Estado, con el INI como buque insignia, estuvo al borde de la quiebra y sumió a la población en el hambre. Según esta segunda corriente, el verdadero despegue llegó con el Plan de Estabilización de 1959, impulsado por los tecnócratas del Opus Dei y apoyado en los créditos estadounidenses y las remesas de los emigrantes españoles en Europa.
¿Economía de éxito o fracaso gestionado?
La paradoja es evidente: quienes alaban a Franco desde la derecha americana lo convierten en un adalid del libre mercado, cuando su régimen fue cualquier cosa menos eso. El propio análisis interno lo reconoce: la economía franquista era un sistema de partido único con grandes sectores industrializados en manos de empresas públicas. La etiqueta 'capitalista' le queda grande.
Las dos lecturas pueden resumirse así:
- La visión favorable: dictadura estable, pleno empleo y baja presión fiscal.
- La visión crítica: autarquía ineficiente, necesidad del Plan de Estabilización y dependencia de la ayuda exterior y las remesas.
El Plan de Estabilización y el verdadero resurgir
El Plan de Estabilización de 1959 no fue un invento de Franco, sino de los tecnócratas del Opus Dei, que lograron imponerse a la guardia falangista. A partir de ahí, la economía española abrió sus fronteras y recibió el respaldo financiero de Washington. Las remesas de los millones de emigrantes que trabajaban en Europa se convirtieron en la gasolina que permitió cuadrar el presupuesto. Sin esos factores, el régimen habría seguido en la miseria.
A este lado del Atlántico, la figura sigue sin cerrar heridas. Hay quien añora la censura y la porra (que se sepa, no ha regresado), y quien recuerda las guerras coloniales y la entrega de la riqueza petrolera de Guinea Ecuatorial. El balance económico queda en segundo plano cuando se coloca encima de la mesa la represión política.
Lo que sigue sin resolverse
El resurgir de Franco en Twitter USA es más que una anécdota: es el síntoma de una nostalgia autoritaria que cruza el charco. Pero el análisis económico serio sigue sin veredicto claro: el crecimiento de los años sesenta se explica tanto por el plan de estabilización como por las condiciones externas. Nadie ha logrado, hasta ahora, aislar el factor Franco.