España quiere misiles hipersónicos en diez años
¿Puede un país que aún pule los defectos de su segundo submarino y arrastra el 8x8 como sumidero de dinero público meterse a fabricar armas que vuelan por encima de Mach 5? El Ministerio de Defensa ha lanzado su Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2026, con guiado avanzado de misiles, buscadores multiespectrales y vehículos de vuelo hipersónico en la lista. La carcajada, en el arranque de la conversación, fue casi unánime. Diez años, decían, es el tiempo que tarda aquí una comisión en decidir el color del folio del acta.
El anuncio llegó envuelto en el escepticismo más español posible: la sospecha de que el dinero acabe en informes, observatorios y estudios de impacto de género antes que en un prototipo. La pregunta que sobrevoló todo el intercambio no era técnica, era contable. ¿Cuánto de esos fondos se convierte en acero y cuánto en estructura administrativa?
Qué dice el plan del Ministerio de Defensa
La Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2026 identifica varias líneas de trabajo: guiado avanzado de misiles, buscadores multiespectrales y vehículos de vuelo hipersónico. El horizonte que se maneja es de una década. No hay cifra oficial de inversión en el material disponible, y esa ausencia alimentó buena parte de las bromas.
La primera reacción fue de cachondeo puro. «Podéis pasar para echar la carcajada de la tarde», abrió el que trajo el tuit. A partir de ahí, la conversación se partió en dos almas: los que ven en esto otro sumidero de dinero público y los que sostienen que, aunque haya negocio para los amigos, es mejor gastar en industria propia que comprar fuera.
El argumento del gasto obligatorio en defensa
Hay una línea de análisis que no discute el chiste, pero sí el marco. España está obligada a elevar su gasto en defensa hasta cierto porcentaje del PIB. Si ese dinero va a gastarse igual, mejor que se quede en Indra, Airbus, Escribano, GMV o Navantia que en comprar sistemas a otros países. El argumento es simple: soberanía tecnológica y retorno industrial.
Enfrente pesa la experiencia. El submarino y el 8x8 siguen ahí, sumidero de dinero público, sin terminar y, cuando lleguen, probablemente obsoletos y más caros que lo que ofrece la competencia. Ese es el fantasma que recorre cada proyecto de defensa español desde hace décadas.
Los ingenieros que sí existen
Una de las corrientes más repetidas en la conversación es que España tiene buenos ingenieros, infravalorados y mal pagados, que darían lo que fuera por participar en un proyecto así. El CN235, el C295, las fragatas AEGIS y los satélites se citan como prueba de que la capacidad existe cuando hay voluntad política y financiación estable.
El problema, dicen, no es el talento. Es la gestión. Y ahí entra el consorcio SMS, liderado por seis empresas españolas dentro del programa europeo Hydef, con Escribano, Sener, GMV, Navantia, INTA e Instalaza. Hay quien asegura que ese consorcio ya trabaja en un misil hipersónico de intercepción con capital de la UE.
La broma recurrente: observatorios e informes
El chiste más repetido tiene que ver con la burocracia. Que si montarán observatorios para ver si los misiles se desarrollan con perspectiva de género, que si el informe de impacto de género obligatorio costará más que el propio prototipo, que si el dinero acabará en 300 personas leyendo termodinámica en una biblioteca municipal. La ironía es cruel, pero apunta a algo real: la desconfianza en que el dinero público se convierta en capacidad militar y no en estructura.
Otro clásico: el proyecto se llamará Garapullo, siguiendo la tradición de bautizar los programas con nombres castizos. El Islero para la bomba atómica, el Miura para los misiles. La memoria de aquellos proyectos, y de lo que España pudo ser, aparece una y otra vez.
Dónde se fabricarían y quién lo pagaría
La localización también dio para bromas. Teruel, Los Monegros, Aguasvivas. Cualquier sitio menos Madrid, porque Madrid, según uno de los mensajes, es la ciudad con más intentos de asesinato de España. La geografía como metáfora del despropósito.
El trasfondo es serio. España lleva décadas comprando sistemas a otros países, con botón de apagado remoto incluido, según la versión más conspiranoica. Desarrollar misiles hipersónicos propios sería, en teoría, romper esa dependencia. En la práctica, nadie en la conversación se cree que diez años sean suficientes.
El contexto: gasto en defensa y presión exterior
El plan llega en un momento en que se exige a España aumentar su gasto en defensa hasta cierto porcentaje del PIB. Ese es el marco que algunos esgrimen para justificar el proyecto, aunque el anuncio en sí no detalla cifras. La discusión derivó hacia si el dinero debe ir a industria nacional o a comprar a aliados.
Y ahí, curiosamente, coinciden los que se ríen y los que defienden el plan: si hay que gastar, mejor en casa. La diferencia es que unos creen que se puede y otros que acabará en un cajón con una pegatina de Sánchez.
Al final, la conclusión más repetida no fue técnica ni estratégica. Fue una frase que resume el país: donde se tienen que usar, no se usan. Y mientras tanto, el reloj de los diez años ya ha empezado a contar.