El choque España-Israel por Ceuta: del «colonia» de Danon al cruce con Puente
¿Puede un tuit del embajador de Israel en la ONU convertir Ceuta y Melilla en el nuevo frente caliente de la política exterior española? En las últimas horas, el representante israelí, Danny Danon, calificó Ceuta de «colonia» y reprochó a España dar lecciones sobre territorio ocupado mientras mantiene «colonias» en territorio jovenlandés. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, respondió citando el mensaje con un escueto «todo está bastante claro ya». La chispa ha encendido una polémica que mezcla crisis migratoria, OTAN, agravios históricos y mucho humo.
Una colonia llamada Ceuta y un ministro que no se muerde la lengua
La secuencia es simple. Danon, embajador israelí ante Naciones Unidas, lanza el dardo: España no puede dar lecciones a Israel mientras mantiene «colonias» en territorio jovenlandés. Puente, con su estilo habitual, no necesita más de dos líneas para recoger el guante y dar a entender que el asunto estaba cantado. El cruce de tuits se ha leído como una escalada deliberada, pero también como un ajuste de cuentas con el giro español hacia posiciones críticas con Israel en Oriente Próximo.
Hay quien sostiene que la crisis migratoria en la frontera de Ceuta no es un accidente, sino una presión orquestada: «el tema es orquestado», «puede haber un incentivo por parte de Israel como devolución de favores por el apoyo a Irán». Son corrientes de opinión que no se pueden verificar, pero que marcan el tono de una parte de la conversación. La otra corriente, más prosaica, recuerda que la política de fronteras de España ha cambiado varias veces de rumbo y que la permisividad con la inmi gración irregular tiene consecuencias medibles.
La ley que levantó muros: devoluciones en caliente y la sombra de Rajoy
No hace falta irse a Oriente Próximo para encontrar la llave del asunto. En 2015, el Gobierno de Mar1 Rajoy introdujo en la Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Orgánica 4/2015) una disposición que permitía a las Fuerzas de Seguridad rechazar en la línea fronteriza terrestre de Ceuta y Melilla a los extranjeros que intentasen cruzar ilegalmente los elementos de contención. La práctica se ejecutaba de forma inmediata hacia Jovenlandia, sin abrir expediente administrativo ni garantizar asistencia jurídica. El expresidente defendió siempre que cumplía la legalidad nacional e internacional; la oposición de entonces, con el PSOE a la cabeza, la criticó con dureza.
La ironía del momento no se le escapa a nadie: años después, el partido que gobernaba con aquellas devoluciones en caliente se presenta como garante de los derechos de los migrantes, y el que entonces las criticaba, hoy gestiona la frontera. Una comparativa citada en las reacciones subraya que durante el mandato de Rajoy (diciembre de 2011 a junio de 2018) la inmi gración irregular no subió, sino que bajó. Los datos, desde luego, no son neutros: en el punto más caliente de la valla había, según las cifras que circulan, 55 guardias civiles mal contados para una frontera que se cae a pedazos.
¿Guerra o teatro? El detalle incómodo de la OTAN
El siguiente nivel de la polémica roza la geopolítica ficción. «Ni Ceuta ni Melilla forman parte de la OTAN», recuerda una de las voces más lúcidas del intercambio. Y eso cambia el tablero. Si el artículo 5 de la Alianza no cubre las dos ciudades autónomas, cualquier escenario de tensión con Jovenlandia –o con quien sea– se queda en terreno de nadie. La especulación sobre si España debería «declarar la guerra a Israel» para arrimar el ascua a su sardina, o si los británicos se pondrían de nuestro lado por la declaración Balfour, pertenece ya al territorio de la ciencia ficción política. Pero que se discuta en voz alta dice mucho del clima.
Los mensajes más gruesos del intercambio mezclan agravios históricos, teorías de conspiración y una ansiedad contenida por el precio que puede tener mojar la oreja a quien no debe. El augurio de un «agosto muy entretenido» con Ceuta y Melilla fuera del paraguas aliado es, cuando menos, un excelente titular. Y una pésima noticia para las navieras que cruzan el Estrecho.
Queda por ver si la crisis se queda en un cruce de tuits o si alguien en Rabat o Tel Aviv decide que las vallas de Ceuta merecen un capítulo más. Con 55 guardias civiles y dos ciudades que no cubre ningún artículo de la OTAN, el margen de error es mínimo. Y la próxima vez que un embajador meta el dedo en la llaga, puede que a Puente no le baste con un «todo está bastante claro». Ya lo dijo alguien con menos vuelo diplomático: esto no va de colonias, va de quién paga la factura.