Erdogan dice no a Finlandia y Suecia y les niega la puerta de la OTAN
¿Basta un solo país para descarrilar la ampliación de la OTAN? Sí, y acaba de quedar claro.
Recep Tayyip Erdogan ha anunciado que Ankara no aprobará la entrada de
Finlandia y Suecia en la Alianza Atlántica y ha rematado el anuncio pidiendo a ambos países que no se molesten en enviar delegaciones a Turquía a convencerle. Alega que «albergan terroristas» y que los tienen, incluso, sentados en sus parlamentos. La negativa se presenta como definitiva y abre una grieta seria en la Alianza en plena guerra de Ucrania.
El detalle que convierte el desplante en problema estructural es jurídico:
cada socio tiene que ratificar la adhesión y la invitación sale por unanimidad. Turquía no es un espectador incómodo en el club. Es un peaje.
¿Puede Turquía vetar la entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN?
Sí, de facto. El artículo 10 del Tratado establece que los miembros pueden invitar,
por acuerdo unánime, a cualquier Estado europeo capaz de contribuir a la seguridad de la zona del Atlántico Norte, y que el invitado pasa a ser parte depositando su instrumento de adhesión ante el Gobierno de Estados Unidos. Sin el sí de todos —y por tanto sin el de Ankara— no hay invitación que valga. La unanimidad convierte a Turquía en un cuello de botella con capacidad de bloqueo y, sobre todo, de regateo. Nadie ha encontrado todavía la manera de saltárselo.
Qué exige Ankara: PKK, seguidores de Gulen y un embargo sueco
El argumento oficial es que Estocolmo y Helsinki dan cobijo a personas vinculadas al
PKK y a los seguidores de
Fethullah Gulen, el predicador al que Ankara atribuye el intento de golpe de Estado de 2016. Erdogan ha llegado a describir Suecia como un
criadero de organizaciones terroristas. Es una acusación que pesa, porque la lista de agravios no se queda ahí.
En el debe sueco hay otro asunto que se recuerda cada vez que sale el tema: un
embargo de armas contra Turquía, decidido por considerar que el país ataca a su propia población. Cabe preguntarse cómo se firma una alianza militar con un Estado al que se le tiene cortado el suministro. Estocolmo tendrá que explicarlo, y no le va a resultar cómodo.
Por qué Turquía no tiene prisa: mar Negro, Incirlik y cuentas de 2016
Aquí no hay solo retórica. La posición turca le da a Ankara una baza poco discutible: controla el acceso al
mar Negro y eso, en un escenario bélico contra Rusia, la convierte en pieza clave y en objetivo a la vez. Con ese punto de partida, Turquía no va a moverse gratis, y quien espere un gesto de cortesía atlántica se va a aburrir esperando.
A la mesa se sientan además agravios antiguos: el golpe de 2016 y las sospechas hacia Washington, la amenaza de cerrar la base estadounidense de
Incirlik, la intervención en Libia y el trozo de kurdistán sirio que se quedó sin padrino. Ankara ha demostrado que aguanta la presión y que sabe cobrarse las facturas cuando llega el momento.
Farol, negociación o moneda de cambio griega
En el análisis de las quinielas hay tres escenarios y ninguno es descartable. Una parte sostiene que esto es un
farol de manual: bastará un caramelito, un par de gestos y alguna venta de armamento para que el no se convierta en sí. Otra corriente cree justo lo contrario, que Erdogan apura una oportunidad histórica para devolver golpes pendientes y firmar acuerdos de materias primas con quien le convenga. Y una tercera apunta a que la factura la pagará otro: si hay que contentar a Ankara, Grecia es la moneda de cambio más a mano.
Lo que sí comparten los tres escenarios es el cálculo de fondo: incluso si Erdogan acaba cediendo, la simple posibilidad de que no lo haga ya le da una posición de ventaja descomunal. Se negocia desde el bloqueo, no desde la simpatía.
Un peaje con fecha abierta
Finlandia y Suecia querían una póliza de seguridad y llevan, de momento, un folio: la ratificación pendiente de un socio que ya avisó de que no piensa dar nada gratis. Con la unanimidad como norma, cualquier país puede convertir una ampliación en una subasta. Y Erdogan, que lleva años viendo cómo le cierran la puerta de la Unión Europea, ha descubierto que en esta otra puerta la llave la tiene él.