El descarrilamiento de Adamuz: 45 perecid y la red de corrupción ferroviaria al descubierto
El 18 de enero de 2026, un carril roto en Adamuz (Córdoba) provocó el descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad, causando 45 perecid. El primer tren, un Iryo procedente de Málaga, invadió la vía contigua al romperse un aparato de vía, y el segundo, un Alvia que se dirigía a Huelva, chocó contra los restos. No fue un accidente fortuito: la investigación ha revelado una cadena de fallos técnicos, decisiones políticas y posibles actos de corrupción que recuerdan al accidente de Angrois en 2013.
Un carril roto en el peor momento
La rotura se produjo en una soldadura defectuosa de la vía. Las primeras imágenes mostraron un tramo de carril separado limpiamente, como si hubiera sido cortado. Análisis posteriores apuntaron a una fatiga del acero o a un defecto de fabricación. Pero lo más grave fue que el sistema de seguridad no actuó: ni el tren que descarriló detectó la anomalía, ni la central de Adif recibió alerta alguna. El maquinista del Alvia apenas tuvo tiempo de avisar por teléfono, y el convoy chocó contra los vagones del Iryo. El guardia civil que llegó al lugar se enteró del segundo tren por un pasajero que había caminado entre los hierros.
La sombra de Koldo y el negocio de las vías
En paralelo a la investigación técnica, salió a la luz que Koldo, el exasesor de Ábalos, se había reunido con la empresa Azvi un mes antes de que esta recibiera un contrato de renovación del tramo de Adamuz. Azvi no era la única: las soldaduras de la vía las realiza Radalsa, una empresa participada al 52% por Adif. El monopolio y los vínculos políticos han llevado a muchos a señalar que la corrupción institucional es la causa última del accidente. No es un caso aislado: en los meses siguientes, aparecieron fisuras similares en otras líneas de alta velocidad (Palencia, Extremadura), lo que obligó a imponer limitaciones de velocidad generalizadas.
La crisis de mantenimiento que nadie quiere ver
El problema no se limita a Adamuz. La red de alta velocidad española, antaño orgullo nacional, acumula décadas de falta de inversión en mantenimiento. Los fondos europeos se han evaporado en obras faraónicas y nuevos tramos, mientras que las vías existentes se deterioran. Desde el accidente, los trabajadores ferroviarios han denunciado que las inspecciones son insuficientes y que los sistemas de seguridad (ERTMS, ASFA) no se actualizan. La pregunta que flota en el aire es cuántos otros puntos débiles hay en la red.
Un futuro incierto para la alta velocidad
Mientras los juzgados investigan y el Gobierno promete una renovación urgente, la confianza de los viajeros se ha desplomado. Las cancelaciones y retrat se multiplican, y cada nuevo aviso de fisura provoca alarma. Adamuz ha destapado una realidad que muchos preferían ignorar: la corrupción política y la dejadez administrativa convierten el tren en un arma mortal. ¿Hará falta otra tragedia para que se tomen medidas?
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