72 horas que ya duran 487 días: el 'cae el perro' no caduca
Pedro Sánchez no cae por un tuit. El ultimátum de 72 horas para que dimita —o, en su defecto, para que se publique el contenido de un supuesto móvil infectado con Pegasus— no procede de ningún tribunal, ni de una investigación oficial, ni de un medio de referencia. Procede de una cuenta anónima en X. Y aun así ha sostenido una expectativa durante casi quinientos días, con el plazo vencido una y otra vez y sin que haya aparecido un solo documento verificable.
Ahí está lo noticioso: no en la filtración, que nunca llegó, sino en la maquinaria que la mantiene viva. Hacia el 12 de mayo de 2025 el reloj seguía parado y la promesa, también. Nada nuevo bajo el sol.
El plazo que se renueva solo
Cuando un ultimátum expira sin consecuencias, lo normal es que el asunto muera de aburrimiento. Aquí ocurre lo contrario: se cambia el plazo. Un mensaje prometió la publicación «dentro de exactamente 12 horas». Otro, que el material saldría «en las próximas horas». En paralelo circuló una variante del mismo truco: la exigencia de que Sánchez revelara en 72 horas sus compromisos con Jovenlandia. Faltaban, cómo no, otras 72 horas.
La mecánica es de manual. La fecha nunca se concreta del todo —«en las próximas horas» es un plazo que no vence jamás— y la verificación, cuando alguien intenta hacerla en serio, choca contra el vacío. Quien trató de medir la credibilidad de la fuente con herramientas de inteligencia artificial obtuvo el mismo resultado que quien simplemente esperó sentado: nada de nada.
Doce años de anuncios terminales
La lista circula desde hace años y funciona como antídoto contra el hype: cada episodio se presentó en su momento como el definitivo.
- 2014: primarias del PSOE contra Madina.
- 2017: primarias contra Susana Díaz.
- 2018: moción de censura a Rajoy.
- 2020: elbichito, estado de alarma y confinamientos.
- 2021: indultos a los catalanes.
- 2022: ley de Memoria Democrática, ley del 'sí es sí' y ley trans.
- 2023: elecciones generales del 23J.
- 2024: amnistía y caso Ábalos.
- Enero de 2025: caso Begoña, Aldama y Koldo.
Ninguno de esos momentos terminó con una dimisión, y varios se saldaron con el Gobierno reforzado o repitiendo mandato. Investigaciones y causas siguen su curso sin sentencia firme que sostenga el relato de la caída inminente. Eso no ha desactivado el anuncio siguiente, que llegó puntual a su cita.
Pegasus, el archivo fantasma y el colectivo sin nombre
El material prometido venía con apellido tecnológico: Pegasus, el software de espionaje que protagoniza medio centenar de causas por todo el mundo. Se habló de hackers dispuestos a publicar los datos originales, de un colectivo que se preguntaba en voz alta por qué nadie los había sacado aún y de una inminencia que, según los mensajes, era cuestión de horas.
A la fecha del último episodio registrado, no existe rastro público del supuesto archivo. Ningún medio de referencia lo ha dado por bueno, ninguna autoridad lo ha confirmado y ningún peritaje lo ha autenticado. Es un secreto a voces que solo conocen quienes lo cuentan en redes, que es exactamente el mismo grado de prueba que tenía el anuncio anterior.
Nadapasismo: la apuesta que de momento va ganando
Lo llamativo no es que los críticos del Ejecutivo no se creyeran nada. Es que los más críticos tampoco. Incluso entre quienes sostienen con dureza que el país va mal, la coincidencia era total: no va a pasar nada. Un Gobierno que ha atravesado una esa época en el 2020 de la que yo le hablo, un volcán, una riada, un apagón general, incendios y una ristra de escándalos no se descuelga por unos mensajes de móvil sin autenticar, argumentan. Y añaden, ya en terreno especulativo, que aunque cayera volvería a ganar las siguientes elecciones. Ahí el análisis se vuelve fe, no cálculo.
Hay un dato incómodo para ambos bandos: cada anuncio fallido deja un poso. Quien prometió la caída no paga coste alguno, y una parte de la audiencia concluye que la ausencia de pruebas demuestra precisamente lo grave del asunto. El razonamiento no se puede rebatir con hechos, y eso lo hace rentable.
Quién gana con el reloj parado
El negocio del ultimátum permanente no es político, es de atención. Las cuentas que viven de la expectativa ganan seguidores con cada anuncio y los pierden, en mucha menor medida, con cada incumplimiento. Lo reconoció sin pudor uno de los propios dinamizadores del ciclo: quería ser viral y acabó haciendo lo mismo que todos, después de todos.
Hay además un efecto colateral que se repite con sospechosa puntualidad: la filtración inminente coincide siempre con otra noticia incómoda. El apagón, el desastre del AVE, cualquier asunto que exija explicaciones. Mientras el foco apunta al móvil imaginario, el resto se enfría.
Con este historial, lo razonable es apostar a que habrá un nuevo plazo. Otra cuenta, otra fecha vaga, otras horas que nunca llegan. Nadie ha ganado todavía ninguna de esas apuestas, y conviene recordar que la única cifra que se ha cumplido hasta ahora es la de los días transcurridos desde el primer anuncio.