Carta atribuida a militares avisa a la OTAN: el riesgo de destrucción mutua crece
Un avión de carga ruso requisado en Canadá al amparo de las sanciones y entregado a Ucrania en una visita sorpresa de Justin Trudeau a Zelenski. Sobre esa escena, más simbólica que decisiva, se levanta una carta atribuida a militares españoles y de otros países que advierte a la OTAN del riesgo de destrucción mutua asegurada si la guerra de Ucrania sigue escalando. No la firma un pacifista de pancarta: la firma gente de uniforme. Y el mensaje incluye un reloj: si la Alianza manda tropas, se habla de semanas, no de años.
Qué dice el aviso de militares a la OTAN
La advertencia sostiene que el apoyo continuado a Kiev mantiene el
riesgo nuclear cada día más cerca y que la entrada directa de tropas de la Alianza convertiría ese riesgo en cuestión de semanas. En el propio planteamiento se cuela un error de manual: la sigla MAD responde a Destrucción Mutua Asegurada, no «masiva». El matiz importa: el término alude al equilibrio de castigo mutuo y no a la magnitud del destrozo, y a eso el mensaje añade un argumento propio:
quien dispara primero obtiene toda la ventaja.
El carguero incautado en Canadá y el Antonov ucraniano
El aparato requisado se presenta como el mayor avión de carga del mundo, incautado a una compañía rusa bajo el paraguas de las sanciones y entregado a Kiev. La provocación, se sostiene, es de manual. La réplica llega por el flanco contrario: Ucrania perdió su propio Antonov el primer día de la guerra, así que aquí lo comido va por lo servido. Dos lecturas incompatibles del mismo avión y ninguna mueve un kilómetro la línea del frente.
Ucrania: el cómputo que va de 250.000 soldados a 60.000
La comparación de fuerzas es la parte incómoda. Según un cómputo que circula en el hilo, Ucrania contaba hace un año con unos
250.000 soldados profesionales; ahora le quedarían 60.000, frente al millón largo de profesionales que mantiene Rusia. El corolario que se extrae incomoda a todos: si la guerra ya estuviera decidida por números, lo sensato sería negociar; y si no lo está, alguien tendrá que poner la carne que falta. La otra pata del argumento es demográfica: Europa triplica en habitantes a Rusia y la supera en potencia industrial, lo que en una guerra clásica sería una ventaja y en una nuclear, un simple inventario de objetivos.
¿Por qué Rusia amenaza con armas nucleares si tiene mejores armas?
Es la pregunta que un participante lanzó al hilo: si el armamento convencional ruso es superior al de la OTAN, ¿para qué necesita el arsenal atómico? La explicación que se da es que el equilibrio no se mide en calidad de material, sino en la certeza del castigo: la Alianza reúne 30 países con armas nucleares desplegadas en el suelo de varios de ellos. El mismo participante apunta la construcción de un refugio nuclear para el hospital más grande y elitista de Moscú. No prueba nada. Pero algo dice.
Alemania sigue comprando gas ruso y la factura de la guerra
El frente económico también aparece. Se sostiene que Alemania, con la economía tocada por la pérdida del gas barato, sigue abasteciéndose de gas ruso a través de un tubo que atraviesa Ucrania, mientras el gas licuado comprado a Estados Unidos llega alrededor de un
40% más caro y se paga con deuda. Puestos a comparar facturas, se recuerda que la retirada rusa de Afganistán fue lenta y ordenada, mientras que la de Estados Unidos y la OTAN, tras 20 años, dejó un coste oficial de
1 billón de dólares, equivalente al PIB de España, y el arsenal entero en manos de quien ganó.
Las salidas que se ponen sobre la mesa
Las propuestas van de lo quirúrgico a lo imposible. La más directa: retirada de todas las tropas rusas de Crimea y de los territorios ocupados desde 2014, y asunto resuelto. La más ambiciosa: cumplir las promesas que, según esta lectura, Bush padre y Baker hicieron a Gorbachov en 1991, cerrar la OTAN como se cerró el Pacto de Varsovia y no extender la Alianza una pulgada al este de Alemania. La objeción llega desde el otro flanco: quien crea que con la retirada rusa llega la paz se equivoca, porque el siguiente objetivo sería Bielorrusia. Ninguna de las dos partes mueve ficha.
La trama de élites globales que se cuela en el análisis
Y luego está la capa conspirativa: una élite financiera internacional usaría Ucrania como campo de batalla para debilitar a Rusia y a China y sostener su dominio. Se afirma sin pruebas y sin nombres, pero funciona como marco de todo lo anterior. Cuando el argumento se reduce a
ellos nos destruirán si no lo hacemos nosotros, la discusión deja de ser sobre la guerra y pasa a ser sobre quién controla el relato.
Con un ejército que pasa de 250.000 efectivos a 60.000 y una Alianza que no termina de definir qué está dispuesta a arriesgar, la pregunta ya no es si Ucrania puede ganar. Es cuántas remesas más admite antes de que alguien decida mandar las suyas.