Una turista muere aplastada por un elefante en India: el negocio de los santuarios bajo la lupa
El pasado lunes, una turista de 33 años falleció en un santuario de elefantes en Karnataka (sur de India) al quedar atrapada bajo un paquidermo durante una pelea entre dos animales. La tragedia reabre el debate sobre la seguridad y la ética del turismo de contacto con fauna salvaje, un sector que mueve millones de dólares en el país asiático y que, según sus defensores, financia la conservación de especies en peligro.
El incidente y la respuesta oficial
La mujer, originaria de Tamil Nadu, observaba el baño de los elefantes en un río cuando uno de ellos atacó a otro, provocando que el animal cayese sobre ella. El santuario, que ofrece actividades como bañar y alimentar a "elefantes entrenados por naturalistas" según su web, se ha visto sacudido por el accidente. El ministro de Bosques, Ecología y Medio Ambiente de Karnataka, Eshwar Khandre, ha ordenado una investigación y ha pedido restringir las actividades que implican contacto cercano entre turistas y elefantes.
Refugio o negocio: la doble cara de los santuarios
El debate subyacente enfrenta dos visiones: por un lado, quienes defienden que estos centros son refugios que rescatan elefantes maltratados y se financian con el turismo; por otro, quienes señalan que los animales viven encadenados y condicionados desde crías, como demuestran las cadenas en las patas visibles en muchas instalaciones. "Se mantienen solos toda la vida, de refugios nada", critican los escépticos, mientras los partidarios argumentan que sin los ingresos turísticos muchos ejemplares no sobrevivirían.
Riesgos asumidos y cifras de siniestralidad
No es un caso aislado. Hace un año, una turista española murió en Tailandia atacada por un elefante mientras le daba un baño. Los elefantes son animales de varias toneladas que, incluso entrenados, pueden reaccionar de forma impredecible. El vídeo del ataque tailandés circuló profusamente tras la noticia, recordando que el riesgo no es anecdótico.
La investigación determinará si se endurecen las normas, pero la pregunta de fondo sigue en el aire: ¿cuánto vale el riesgo de una selfie con un elefante?
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