Polémica en RTVE: una locutora desata las quejas por sus gritos en los partidos
La escena se repite cada fin de semana: un aficionado al fútbol se sienta frente al televisor, sube el volumen y, al primer gol, un chillido agudo lo obliga a buscar el mando a distancia. «Hay que quitar el sonido porque llega a molestar», resume un espectador. La protagonista de esta incomodidad sonora es Alicia Arévalo, una joven locutora de RTVE que, según las críticas, narra los partidos con una intensidad que muchos califican de «posesa». El debate trasciende el mero gusto personal: pone sobre la mesa las cuotas de género, la formación en los medios y los límites del estilo narrativo en las retransmisiones deportivas.
Una carrera meteórica y un estilo que divide
Alicia Arévalo, de 26 o 27 años, entró en RTVE como becaria y en apenas un año pasó a ser fija y a comentar partidos de la selección. Un ascenso que algunos atribuyen a la política de género de la corporación, mientras que otros lo ven como un caso de falta de filtro en la selección de talento. Lo cierto es que su estilo —muy distinto al de locutores clásicos como Héctor del Mar— provoca reacciones extremas. «Cuando tienes una voz tan aguda y estridente no te pueden poner a cantar los goles como si fueses Héctor del Mar», señala un oyente. La comparación con el mítico locutor argentino es recurrente, pero también hay quien recuerda que los gritos fingidos y la entonación ascendente son un problema generalizado en las televisiones de habla hispana, no exclusivo de Arévalo.
¿Cuota de género o falta de criterio?
Detrás de las quejas late una discusión incómoda: ¿hasta qué punto la presencia femenina en las retransmisiones deportivas responde a la cualificación o a la necesidad de cubrir un porcentaje? RTVE ha impulsado la incorporación de mujeres en puestos tradicionalmente masculinos, y Arévalo es el ejemplo más visible. Sus defensores arguyen que el patriarcado no puede ser el único filtro; sus críticos, que en su caso la formación no acompaña. «Entró de becaria y al año está fija y comentando partidos de la selección», ironiza un forero, que echa en falta un rodaje similar al de otras voces consagradas. El dato de que tenga las redes sociales en «mute» por las críticas sugiere que la exposición es violenta, pero la cuestión de fondo sigue siendo la calidad del servicio público.
Soluciones técnicas y nostalgia analógica
Ante la imposibilidad de cambiar al locutor, los espectadores han recurrido a trucos de la vieja escuela: silenciar la tele y sincronizar el audio con la radio a través de internet. «Puedes pausar la emisora hasta sincronizarlo», comenta un usuario. Otro recuerda que en la era analógica se podía ver la tele y escuchar la radio casi sin retraso, algo hoy impensable debido al desfase digital. También existe la opción de cambiar la pista de audio en la propia televisión a la de RNE, donde otra locutora narra con un tono menos estridente. La tecnología ofrece salidas, pero ninguna resuelve el fondo: la percepción de que RTVE ha impuesto un estilo que una parte de la audiencia considera insufrible.
El dato que cierra la cuestión no es numérico, sino sensorial: mientras algunos espectadores hablan de «alarma antiincendios», otros simplemente apagan. La polémica no se apaga, y la pregunta sobre qué voz debe representar el fútbol público sigue sin respuesta clara.