Una joven atribuye a su belleza ligar menos y el público no la cree
Una joven llamada Sol Morote ha asegurado en televisión que liga menos porque los hombres la ven «demasiado guapa» y temen el rechazo. La noticia, publicada por
20minutos el 3 de marzo de 2026, ha desatado una tormenta de reacciones. La venustrafobia —el miedo irracional a las personas atractivas— se presenta como un trastorno con síntomas como taquicardias o sudores fríos. Pero el público no compra el relato.
Qué es la venustrafobia y qué síntomas describe
El término venustrafobia designa, según el artículo, un miedo irracional que algunos hombres sienten ante mujeres que consideran demasiado atractivas. No es simple timidez: quienes lo padecen pueden hiperventilar, temblar, tener taquicardias o sudores fríos. La causa, apunta la información, podría remontarse a un trauma pasado, un rechazo sentimental tan fuerte que la mente asocia la belleza con humillación.
Sol Morote, la joven que ha dado la cara en el programa
Vamos a ver, lo explica así: «Yo no me considero superguapa, pero me quiero y tengo mi autoestima». Añade que ha notado cómo algunos hombres solo se acercan cuando ella da el primer paso, por miedo a ser rechazados. La noticia recoge su testimonio sin verificaciones independientes.
Las reacciones: del escepticismo al cachondeo
La respuesta del público ha sido mayoritariamente escéptica. Una corriente dominante sostiene que el atractivo no aleja a los hombres, sino que atrae más atención. «A toda la gente guapa/muy atractiva que conozco se les acercan otros continuamente sin problema ninguno», resume un comentario. Otros ironizan con que la joven es «del montón» y que su problema no es la belleza, sino otra cosa.
Hay quien va más allá y acusa a Sol de montar un personaje para generar contenido. «Lo de esta chica es para hacer contenido y generar debate», señala un mensaje. La burbuja de las redes sociales, dicen, premia el victimismo y la autopercepción inflada. Varios comentarios comparan su caso con el de otras mujeres que se creen «semidiosas» sin serlo.
El argumento económico: oferta, demanda y feminismo
Más allá del juicio estético, algunos participantes introducen un análisis economicista. Se argumenta que el mercado de las citas ha sufrido una inflación: hay exceso de demanda masculina y las mujeres, guapas o no, tienen candidatos de sobra. «No es que liguen menos las más guapas, sino que liga cualquiera, sean guapas o no, dado la inflación del llamado Choch... ocho», escribe un participante. La ley de oferta y demanda, sostiene, ha devaluado el atractivo femenino.
Otros culpan al feminismo de haber convertido el cortejo en un deporte de riesgo. «El cortejo en un país de extrema izquierda es un deporte de riesgo», afirma un mensaje. La idea de que los hombres están escaldados y prefieren no arriesgarse a un rechazo —o a algo peor— recorre varios comentarios. La venustrafobia sería, desde esta óptica, una excusa para no reconocer que el problema es otro.
La trampa de la autopercepción
Varios mensajes apuntan a un fenómeno más amplio: la sobrevaloración sistemática del propio atractivo. «Todas son atractivas en sus mentes», dice un comentario. El patrón se repite: preguntar a cualquier mujer si es especial y obtener un sí casi automático. La conclusión que extraen es que el problema no es la belleza, sino la falta de autocrítica.
La historia de Sol Morote encaja en un patrón que parte del público reconoce al instante. Una joven normalita se cree un pivón, los hombres no se acercan por razones que nada tienen que ver con su supuesta belleza, y ella elabora una teoría que la exculpa. La venustrafobia, en este contexto, suena a invento.
El caso ha servido para algo: demostrar que el relato de la belleza como obstáculo tiene poco recorrido. La mayoría de los comentarios coinciden en que si alguien liga menos, no es por ser demasiado guapa. La pregunta que queda en el aire es por qué se insiste en vender lo contrario.